martes, 19 de octubre de 2010

Las relaciones entre las migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de Africa

/ Aderanti Adepoju

Introducción

La causa más importante de los movimientos espontáneos de población, registrados en los últimos años entre las naciones y dentro de ellas, radica en la creciente disparidad de niveles de desarrollo que existe entre los estados. Sus causas y sus consecuencias tienen dimensiones económicas, políticas, sociales y demográficas [Heisel, 1982]. La migración, por su naturaleza misma, involucra cuando menos tres actores fundamentales: el emigrante, una región o país de origen y una región o país de destino. Mientras que las migraciones internas, en principio, suponen movimientos de individuos libres de restricciones jurídicas dentro de un territorio geográficamente definido, un migrante internacional se ve invariablemente confrontado con una serie de normas y disposiciones, a veces complejas, primero al salir del país de origen, y luego al entrar, residir, y eventualmente salir del país receptor.En Africa, como en todas las regiones en vías de desarrollo, la evolución histórica y las fases de desarrollo político para comprender las migraciones en general, la distinción entre migraciones internas y migraciones internacionales y las conexiones entre ellas, sus causas y los problemas que plantean a los gobiernos. De especial interés en el contexto africano son los efectos de la demarcación de fronteras nacionales, la aparición, desde comienzos de la década de 1960, de estados nacionales independientes, y sobre todo la promulgación de disposiciones y normas que rigen la inmigración. Estas regulaciones han introducido una sutil distinción entre migraciones internas y migraciones internacionales -formas ambas de lo que otrora fuera libre desplazamiento a través de extensas áreas de Africa- y, en el caso de las migraciones internacionales, una diferenciación entre inmigrantes legales e ilegales. A continuación analizamos estas relaciones en el marco de las causas que originan los movimientos de población y de las respuestas de los gobiernos a los mismos.

Las migraciones en Africa: breve panorama histórico

El fenómeno de la migración en Africa se entiende mejor en el contexto de la evolución política e histórica de las sociedades africanas. Los efectos de la colonización y la descolonización sobre la economía, e indirectamente sobre las migraciones, son particularmente perceptibles cuando se examinan en el contexto de las tres eras históricas: precolonial, colonial y postcolonial. En la era precolonial, los movimientos de población en Africa se vinculaban sobre todo con las condiciones ecológicas y sociopolíticas predominantes, especialmente las sanguinarias guerras tribales, los desastres naturales y la búsqueda de tierras cultivables o aptas para la colonización. Eran, pues, movimientos desprovistos de estructura, colectivos y sin distinciones demográficas específicas [ECA, 1981; Adepoju, 1979]. El régimen colonial abrió el camino para la paz y la estabilidad política; los movimientos migratorios relacionados con las guerras tribales cesaron o se redujeron, pero desde entonces han reaparecido con pautas diferentes, en forma de éxodos de refugiados cuando naciones independientes entablan guerras, como en el caso del conflicto entre Etiopía y Somalia, de las luchas intestinas del Chad, Angola, Uganda y Nigeria y las guerras de liberación en Africa Occidental, Central y Meridional. Los desastres naturales persisten: la sequía de la región del Sahel, en Africa occidental y parte de la oriental, obligó a miles de personas a abandonar sus hogares, sin excluir a mujeres y niños. La búsqueda de tierras nuevas o fértiles aún continúa y el número de pobres sin tierras propias ha aumentado considerablemente, sobre todo en Africa Oriental. La introducción de incentivos y de diversas medidas coercitivas durante la era colonial respondía más que nada al propósito de satisfacer las crecientes demandas de mano de obra en las minas y las plantaciones. En Africa Occidental, la administración colonial francesa recurría a distintas formas de reclutamiento forzoso de mano de obra (en Alto Volta y Malí, por ejemplo). En Africa Oriental y Meridional, en cambio, la coerción fue sustituida por una serie de vigorosas medidas económicas para inducir a una mano de obra de la calidad y en la cantidad requeridas a trabajar en minas y plantaciones. En Sudáfrica, en particular, desde 1963, se ha impedido que las familias de los trabajadores vivan con ellos en los sitios de trabajo, lo cual, sumado a los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, motivó inicialmente una rápida rotación de la mano de obra. En realidad, las condiciones que favorecían tal situación tenían por objeto mantener bajos salarios apenas suficientes para subsistir. Además, cuando las arduas tareas reducían la productividad de los trabajadores -a quienes se contrataba por periodos no superiores a dos años- los agobiados y exhaustos jornaleros eran reemplazados a fin de mantener e incluso aumentar la productividad. Ahí radica, en el contexto africano, la pauta de la migración temporal prefijada que trae consigo la migración internacional: los trabajadores van y vienen entre su hogar y las minas, desilusionados por la mediocridad de la ganancia y la insuficiencia de los servicios sociales. En algunos casos, prefieren volver definitivamente a sus regiones de origen antes que continuar en las minas y plantaciones donde las condiciones de trabajo son realmente deshumanizadoras. En este contexto, es un error explicar el carácter temporal de las migraciones en Africa Oriental y Meridional en términos de necesidades preestablecidas. Los factores subyacentes deben buscarse en la organización de las tareas, en las condiciones de vida y de trabajo que normalmente no permiten una existencia decorosa. Así, cuando las condiciones de trabajo mejoran, los trabajadores se tornan más estables e "interesados por su cometido", y en realidad atraen a otros trabajadores, como sucedió en Zambia, la República Unida del Camerún (en las plantaciones de la antigua Guinea Española) y Nigeria. Cuando llegó la independencia, estas migraciones se institucionalizaron, pero para entonces ya se habían eliminado en Africa Occidental y Oriental varias prácticas restrictivas referentes a la reunión de las familias y a los sistemas de residencia y contratación laboral. No obstante, dichas prácticas siguen aplicándose, acaso más rigurosamente aún, en Sudáfrica. En la actualidad, una serie de presiones externas impuestas a las estrategias de desarrollo interno en Africa afectan invariablemente la estructura de las posibilidades ofrecidas a la población local, especialmente en zonas rurales. Las políticas de las grandes sociedades internacionales con respecto a la inversión que afianza las estrategias de desarrollo nacional ejercen un impacto considerable sobre la organización política, social y económica interna de cada país, especialmente en lo que se refiere a la ubicación y los tipos de oportunidades de empleo, ingresos y condiciones de vida, lo que a su vez ha influido sobre la migración, tanto interna como internacional, en Africa.

La migración: causas y relaciones

En el creciente número de publicaciones relativas a las migraciones, tanto internas como internacionales, tiende a prevalecer la idea de que las consideraciones económicas son de primordial importancia en la decisión de emigrar, que responde en última instancia al deseo de los interesados de mejorar su situación económica. Si tal es el caso, entonces la migración podrá concebirse como una reacción -a veces exagerada- a incentivos económicos que en gran medida surgen de desequilibrios económicos intersectoriales e intrasectoriales, así como entre países y regiones. Estos postulados plantean dos cuestiones: ¿qué factores determinan -y en realidad acentúan- tales desequilibrios estructurales entre los países y dentro de los mismos y qué relación guardan estos últimos con la migración? [Adepoju, 1979]. La segunda de estas preguntas plantea el problema no sólo de la función que desempeñan las redes de información en lo que atañe a la gama de oportunidades disponibles, sino también de la facilidad de la migración a pesar de los obstáculos y las barreras, las restricciones y las normas que rigen la migración dentro y a través de las fronteras nacionales. Aquí conviene establecer una sutil distinción entre las migraciones internas y las migraciones internacionales. Se supone que un migrante internacional en situación regular se atiene a una serie de requisitos que rigen la entrada y la residencia en otro país. Sólo algunos países africanos disponen de leyes estructuradas en materia de inmigración, y menos aún hacen cumplir con rigor dichas leyes, con la notable excepción de la República deSudáfrica. De todos modos, estas disposiciones son generalmente burladas por los migrantes, en forma deliberada o por pura ignorancia de su existencia [Condé, 1979; Adepoju, 1983]. La migración interna sobreviene en gran parte como respuesta a desequilibrios entre las distintas regiones de un país, y su dirección dominante está determinada por la implantación de los proyectos generadores de empleo. Así, cuando la inversión tanto pública como privada se concentra en la ciudad más importante (a menudo la capital), como sucede en la mayoría de los países africanos, la principal corriente migratoria se dirigirá sin duda hacia esa ciudad. No obstante, si las plantaciones, minas y otras empresas se hallan en áreas rurales y ofrecen más fácilmente oportunidades de empleo y de otra índole, es natural que se produzca una sustancial corriente migratoria intrarrural, como sucede en la República Unida del Camerún, Kenya, etc. De modo semejante, la migración internacional significa, en muy amplia medida, que existen desigualdades en el desarrollo, las oportunidades de empleo, y especialmente las condiciones de vida y de ingresos entre los países, sobre todo entre los países desarrollados y las naciones en vías de desarrollo. En ausencia de restricciones rigurosas a la entrada en un país, y cuando la difusión de información sobre la gama de oportunidades que se ofrecen en diferentes lugares es rápida y eficaz, la migración suele responder (con presteza) a tan positivas -y con frecuencia exageradas- señales. No obstante, como las migraciones internacionales (acaso en mayor medida que las migraciones internas) tienen consecuencias políticas, socioeconómicas y demográficas tanto para los países de partida como para los de llegada, se han establecido y se aplican una serie de disposiciones legales para seleccionar y, cuando necesario, restringir, la afluencia masiva de inmigrantes a los países de destino. Es evidente pues que las migraciones, tanto internas como internacionales (voluntarias), en general provienen del mismo conjunto de causas fundamentales: sin embargo, las limitaciones impuestas a las migraciones internacionales son más severas, o se hacen cumplir más expeditivamente. Esto en realidad explica, por ejemplo, que el volumen de las migraciones internas sea, según Zachariah y Condé [1981], el doble que el de las migraciones internacionales en Africa Occidental. La relación entre ambas formas de migración y los factores que sobre ellas influyen también implican -siempre en el contexto de Africa Occidental- que: En general, la migración interna es una prolongación de la migración externa. La dirección es más o menos la misma: desde las zonas interiores de un país hacia las áreas costeras. Existe una relación general negativa entre emigración y migración interna y una relación positiva entre inmigración y migración interna. El índice de migración interna era bajo en el Alto Volta y el Togo donde los índices de emigración definitiva eran elevados; era alto en cambio, en Ghana, la Costa de Marfil y el Senegal, donde el índice de emigración de nativos era realmente bajo. [...Así] áreas con un índice de migración interna elevado tenían un índice de inmigración alto [Zachariah y Condé, 1981]. Teóricamente, la migración internacional y la migración interna son complementarias y pueden realmente suplirse una a otra. En primer lugar, como hemos visto, ambas provienen de un conjunto de factores sociales y económicos interdependientes pero tienen que ver principalmente con la búsqueda de un mayor bienestar por parte de los migrantes salvo, naturalmente, en el caso de quienes se desplazan por causa de desastres naturales (sequía, hambruna) o de los que huyen de la guerra o la opresión política (refugiados), excepto los llamados refugiados "económicos". Desde la perspectiva de los gobiernos, el desarrollo normalmente tiene el efecto inicial de estimular la migración -tanto interna como internacional- a corto plazo. A más largo plazo, en cambio, un instrumento viable para refrenar o prevenir una importante emigración eventual hacia los países ricos o para inducir a los emigrantes a regresar a casa es el desarrollo sostenido en los países exportadores de mano de obra. Esta estrategia se basa en la noción de que la emigración se debe en gran parte a la incapacidad de los migrantes de satisfacer sus aspiraciones en el marco de las posibilidades que le ofrece su localidad o su país. La pregunta que interesa a los gobiernos es la siguiente: ¿Cómo estructurar el desarrollo para ofrecer soluciones alternativas locales a la migración internacional? Esta cuestión es especialmente crítica en países como Botswana, Lesotho y Swazilandia, que dependen fuertemente de la exportación de fuerza de trabajo a las minas de Sudáfrica. Un ejemplo obvio en Africa Occidental es el Alto Volta, país también tradicionalmente exportador de mano de obra. (Más adelante examinamos más detalladamente este aspecto). Las razones que se asocian con las migraciones internacionales no son exclusivamente económicas. Como señala Speare [1974], "en las migraciones internacionales, los factores políticos son con frecuencia más importantes que los económicos". Las exigencias formuladas por ciertos estados de que se reajustaran las fronteras arbitrariamente trazadas por la administración colonial y que dividen grupos étnicos y económicos homogéneos, "a fin de acomodarlas a las realidades socioculturales de los países afectados y reagrupar las poblaciones de grupos étnicos arbitrariamente asignados a diferentes países", los han conducido a la guerra [Adepoju, 1982]. Un ejemplo manifiesto es el caso de Somalia y Etiopía, o, en forma más atenuada, el del conflicto entre Nigeria y la República Unida del Camerún. Consecuencia de ello es, en todos los casos, la existencia de centenares de refugiados y personas desplazadas.

Tipología de las migraciones

El aspecto temporal de las migraciones tiene dos dimensiones, que son la distancia recorrida y la duración de la residencia en el punto de destino. Según una tipología de las migraciones esbozada anteriormente por el autor del presente artículo, esencialmente con respecto a las migraciones internas, éstas pueden clasificarse en función de la dirección, el tipo de desplazamiento, la distancia y la duración de la residencia. La misma tipología, con algunas modificaciones, puede extenderse a las migraciones internacionales. Por ejemplo, la dirección es un factor esencial para ambas formas de migración, al igual que la dimensión temporal. La pertinencia del factor distancia depende, sin embargo, de la extensión del país que se considere. Es lo que se desprende de un estudio de la Organización de las Naciones Unidas [1982], en el que se indica brevemente que debido a la extensión relativamente pequeña de los Estados africanos, comparada con la de otras regiones en desarrollo, ciertos tipos de inmigración que en otros puntos del globo entrarían en la categoría de movimientos internos, en Africa son transnacionales. Así, el desplazamiento entre Lagos y Maiduguri, en Nigeria, a través de unos 1700 km, se clasifica como migración interna según el criterio espacial de distancia, mientras que un individuo que se traslada de Idiroko en Nigeria a Ifoyin en la República de Benin -distancia de unos 10 km- es ya un migrante internacional; otro tanto ocurre con los trabajadores de zonas fronterizas, que residen con sus familias a un lado de una frontera nacional y se dirigen diariamente a sus tierras de cultivo situadas al otro lado de la misma, como sucede entre Kenya y Uganda, Ghana y el Togo o Nigeria y Benin. Como nos recuerdan Kumepor y Looky [1974], y los ejemplos podrían multiplicarse, la distancia entre la mayor parte de las ciudades natales de los togoleses y sus residencias en Ghana no suele ser grande, y en la mayoría de los casos es más corta que la que media entre los hogares de los ghaneses de regiones como Ashanti, Brong-Ahafo y la región septentrional y la capital Accra donde tienen su residencia. El factor distancia permite a la mayor parte de los togoleses residentes en Ghana hacer frecuentes visitas a sus casas mientras mantienen en dicho país una residencia semipermanente. Los países del Sahel (Senegal, Mauritania, Malí, Alto Volta, Níger y el Chad) son muy pobres y la mayor parte de su población está compuesta por nómadas, seminómadas y labradores sedentarios [Marnham, 1979]. Entre los nómadas, los más numerosos, dedicados al pastoreo, son los fulani (también conocidos por peulh) que viven en Níger, Malí, el Alto Volta, Nigeria y el Senegal. La tierra natal de algunas tribus nómadas ha sido dividida por fronteras, como es el caso del territorio de Teda, repartido entre el Chad y la Jamahiriya Arabe Libia. En realidad, las fronteras coloniales impuestas arbitrariamente constituyen un serio obstáculo para la libre circulación de los nómadas. De todos modos, los nómadas cruzan con frecuencia las fronteras entre Kenya, Etiopía y Somalia durante el periodo en que buscan agua. En realidad, nómadas de etnia somalí se encuentran en Djibuti, Kenya, Etiopía y, naturalmente en Somalia. Como ya lo he señalado[1979], las migraciones a través de fronteras nacionales, especialmente en Africa Occidental, eran frecuentes antes de la independencia política y de la aparición de fronteras territoriales bien definidas; por lo demás, la consolidación de las mismas ha tenido un efecto mínimo, ya que la mayoría de los migrantes se desplazan con absoluta libertad, sin preocuparse por las "fronteras artificiales". Esto significa que muchos movimientos de población que se desplazan dentro del continente no son "enteramente internacionales en el sentido tradicional de la palabra" [Appleyard, 1981]. Volviendo a la situación de Africa Occidental, los trabajadores migrantes estacionales y temporeros que cruzan las fronteras consideran que sus movimientos "son una simple prolongación, allende las fronteras de los estados, de sus desplazamientos internos y de la migración entre distintas áreas rurales" [OIT, 1975]. A decir verdad, en la mayoría de los casos es difícil establecer cuándo cruza realmente un viajero fronteras internacionales. La mezcla de pueblos, los llamados grupos étnicos, es a veces sumamente fascinante: los mendi viven en Liberia y Sierra Leona, como también los vais y los kroos; los yorubas se encuentran en Nigeria y Benin, como los ewes en Togo y Ghana. Appleyard [1981] observa que "probablemente existe sólo una diferencia sutil entre ciertos tipos de migración clandestina y de trabajadores (especialmente en el continente africano), y por eso cualquier intento de ser rigurosos en las definiciones, aunque encomiable, no puede emprenderse con optimismo". No obstante, este autor recomienda que "se contemple también la imperiosa necesidad de elaborar una nueva tipología y clasificación". Otro ámbito de interés es el de las migraciones en cadena y en grupos, que, en Africa, pueden ser tanto internas como internacionales. A diferencia del caso de las migraciones "voluntarias", que responden principalmente a factores económicos, las migraciones masivas, dentro y fuera de las fronteras nacionales en Africa, no están vinculadas a consideraciones económicas, sino más bien a factores políticos y religiosos, y a veces a catástrofes naturales. Además de los movimientos multitudinarios de refugiados (víctimas de guerras y disturbios civiles), expulsados (migrantes en situación irregular) o peregrinos que son casos particulares, también se dan casos de migraciones colectivas tanto internas como internacionales. Un ejemplo de las primeras es el de los arrendatarios de tierras de cultivo de Nigeria Meridional. También se han registrado migraciones espontáneas de grupos en Ghana, Etiopía, Kenya y Zambia, consecuencia de planes de colonización y asentamiento. Como ya el autor de este artículo [1983] observaba: Las migraciones colectivas de comunidades homogéneas no se limitan a las migraciones internas, sino que han sido también muy importantes en el caso de los movimientos internacionales. El ejemplo más conocido es el de los nigerianos que han emigrado a Ghana, el Togo y la República de Benin. Grupos de yorubas proceden de las mismas localidades de Nigeria y emigran a destinos específicos. Estos emigrantes por lo común proceden del mismo pueblo o ciudad, y con frecuencia emigran en grupos o en cadena desde el área natal hasta los puntos de destino. A falta de cauces oficiales de asistencia, los migrantes africanos confían en la red de relaciones sociales -amigos, parientes, paisanos- que les dan el aviso de partida, les proporcionan alojamiento a la llegada y los ayudan a obtener un empleo. Condé [1983] documenta un ejemplo esclarecedor de esta característica de los inmigrantes "ilegales" procedentes de Malí, el Senegal y Mauritania y residentes en Francia. Dice: La solidaridad de clan es de una eficacia plena: hermanos, tíos y primos alojan a sus hermanos, primos y sobrinos, etc. [...] En los albergues se encuentran comunidades diversas. [...] Cada comunidad tiende a reagruparse. Lo que más distingue a la comunidad negra, especialmente a los soninkes y toucouleurs, es que se reagrupan por poblados de origen. [...] Cada inmigrante conserva su posición y rango lugareño. [...] Se presta ayuda a quienes la necesitan, merced a un fondo comunitario: por ejemplo, a los que no han encontrado aún empleo o están en paro. La observación anterior, y otras semejantes, indican que los migrantes africanos -internos e internacionales- conservan un prototipo de la estructura sociocultural de la comunidad natal y consideran su lugar temporal de residencia como una extensión o prolongación de la comunidad de origen. La observación de Zachariah y Condé [1981] según la cual la emigración es simplemente una ampliación de la migración interna dentro del continente puede, si nos atenemos a las puntualizaciones de Condé, ser extrapolada a la situación exterior a la región africana. Definición de una política: las migraciones internas como alternativa de las migraciones internacionales. En Africa, la migración rural es una alternativa al éxodo rural, dadas las características no sólo de los migrantes (que son predominantemente personas sin instrucción general ni calificación profesional, de edad adulta media), sino también de la economía rural. La diversidad ecológica, la evolución cíclica de la demanda de mano de obra en la región, la disparidad de los recursos locales y la localización de los proyectos agrícolas, especialmente en el Camerún, Kenya y Tanzania, constituyen los principales factores de atracción de los migrantes hacia el sector rural. En Africa Occidental, asimismo, la mayoría de los migrantes se desplazan de una zona rural a otra [OIT, 1975]. Esta observación también es aplicable a Kenya, donde, según Livingstone [1981], la principal corriente migratoria es, en efecto, de tipo intrarrural, al igual que el 60% de las migraciones internas en Ghana, según indica el censo de 1970. Así como la migración rural-rural sirve de alternativa viable a la migración rural-urbana para una gran proporción de migrantes africanos, así también la migración internacional se dirige en gran parte hacia áreas rurales de los puntos de destino. El caso de los trabajadores migrantes fronterizos es más claro: éstos cruzan las fronteras nacionales regularmente para trabajar en las zonas rurales del país vecino. En Zambia, por ejemplo, el 60% de los inmigrantes africanos residían en las zonas rurales en 1963. Los que se dirigían a las zonas urbanas (32%) eran principalmente obreros calificados [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974]. En 1960, dos tercos (el 67%) de los extranjeros residentes en Ghana vivían en áreas rurales; este porcentaje descendió ligeramente a 65% en 1970 [Zachariah y Condé, 1981]. Esta pauta también se aplica a los refugiados. En Africa, son en su mayoría de origen rural y casi todos ellos viven en áreas rurales de los países de asilo, bien en colonias rurales organizadas -como en el Sudán, Tanzania y Somalia- o bien mezclados con la población local, como sucede en Somalia. En realidad, se calcula que alrededor del 60% de los refugiados africanos viven fuera de las colonias y campamentos organizados, con las poblaciones locales [Adepoju, 1982 y referencias citadas al final de este artículo]. Esta conclusión no es totalmente válida: hay algunas excepciones. El Sudán -donde se calcula que un 50% de los refugiados se ha asentado en áreas urbanas- tiene fama de contar con la población refugiada urbana más numerosa de Africa. Por lo general, los refugiados africanos, especialmente en el Sudán, Djibuti y Tanzania, se unen a los migrantes internos en sus desplazamientos hacia áreas urbanas o rurales y compiten con ellos por los puestos de trabajo y otras oportunidades disponibles. Campbell [1981] indicaba también que en Liberia el 5% de la población mayor de diez años, en 1974, eran inmigrantes de los cuales el 64% vivía en las áreas urbanas. En una palabra, los inmigrantes, incluidos los "refugiados", compiten en Africa por los escasos empleos asalariados disponibles, tanto en los sectores urbanos como en los rurales; algunos de ellos cubren las vacantes dejadas por los nativos que han emigrado a su vez al extranjero. Además, los migrantes internos de origen rural compiten en las ciudades por puestos de trabajo anteriormente ocupados por nativos que emigraron al extranjero en busca de mejores oportunidades económicas y de otra índole. En la República Unida del Camerún, por ejemplo, donde últimamente las migraciones de tipo rural-rural tienden a dirigirse hacia las ciudades (en gran medida debido a los bajos salarios que se pagan en las plantaciones) los jornaleros emigran a centros urbanos y están siendo reemplazados por inmigrantes nigerianos que posteriormente emprenden actividades de tipo comercial en las ciudades y algunas veces en las mismas áreas rurales [Gwan, 1976; Adepoju, 1983]. Conde [1979] también da un ejemplo esclarecedor de esta misma pauta tal como se manifiesta en Argelia y Túnez (donde los migrantes rurales ocupan puestos de trabajo dejados vacantes por emigrantes de origen urbano que se habían trasladado anteriormente a Francia) y en Africa Occidental, donde los migrantes rurales del Alto Volta y Malí toman el lugar de los emigrantes a Gabón. Una serie de factores económicos y políticos influyen en la estructura de oportunidades de un país, e indirectamente en el ritmo y la dirección de las migraciones, tanto internas como internacionales. Cuando la economía de una país se revitaliza y las oportunidades de empleo mejoran considerablemente, los nativos emigrados a otros países pueden sentirse incitados a volver, como en el caso de Italia y Grecia. El corolario lógico -es decir: que el deterioro de la situación económica convierte a países importadores de mano de obra en exportadores de la misma- se ejemplifica en situaciones como la de Ghana que, hasta 1970, era uno de los principales países de inmigración de Africa Occidental. Sus cultivos de cacao y sus minas de diamantes atraían inmigrantes del Togo, Nigeria, el Alto Volta y Malí. Además, las migraciones internas eran muy importantes [Zachariah y Condé, 1981]. Pero el deterioro de la situación económica y política forzó a emigrar a una proporción muy apreciable de la población adulta, incluidos los migrantes interregionales que se dirigieron especialmente a Nigeria y fuera del continente africano. Hoy día, Ghana es un país de emigración de mano de obra, tanto calificada como no calificada, situación con escasas probabilidades de invertirse durante la próxima década. En Zambia, por ejemplo, se importaba, con elevado costo, la mano de obra calificada, europeos y africanos indistintamente, para dirigir y hacer funcionar las industrias y las minas de cobre del país. La proporción de inmigrantes en la fuerza de trabajo llegó al máximo alrededor de 1960: en el periodo 1960-1964, constituían el 24% de la mano de obra total [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974], porcentaje que descendió al 19,9 en 1966. Desde la independencia, proclamada en 1964, el Gobierno de Zambia actuó rápidamente para fomentar la "indigenización" de los puestos de trabajo en todo el país. Ohadike y Tesfaghiorghis [1974] observaron que: La independencia política en Zambia y en los vecinos países de origen de los inmigrantes ha introducido limitaciones económicas y legales que afectan el intercambio de migrantes entre estos países. En Zambia, la concesión de visados y permisos de trabajo está reglamentada, mientras que en los países de origen la independencia política ha traído consigo oportunidades económicas alternativas y concurrentes que tienen una incidencia negativa en la emigración a Zambia. En otras palabras, el desarrollo social y económico que siguió a la independencia en los países de emigración vecinos ha contribuido a contener o reducir la afluencia de inmigrantes a Zambia. Al mismo tiempo, la disponibilidad de empleos alternativos y de las consiguientes oportunidades en los países natales estimuló el regreso al hogar de los inmigrantes, mientras que los autóctonos se hacían cargo de algunos de los puestos de trabajo dejados vacantes en Zambia. Las causas de esta evolución no son exclusivamente económicas, tienen también dimensiones políticas. Aparte de los esfuerzos realizados por los gobiernos nacionales para restringir el libre paso de las fronteras, introduciendo visados, pasaportes, monedas nacionales y diversas formas de obstáculos a la inmigración, una serie de hechos políticos recientes ha mermado considerablemente las migraciones internacionales de mano de obra, especialmente en Africa Oriental y Meridional. Por ejemplo, Zambia y Tanzania en particular, consecuentes con sus políticas contra el apartheid, han prohibido a sus ciudadanos emigrar como jornaleros a las minas de Sudáfrica. Antes de la independencia, Zimbabwe y Mozambique se contaban entre los principales abastecedores de trabajadores migrantes a la República de Sudáfrica. Mozambique coartó la emigración de sus nativos a dicho país muy poco después de la independencia. También Zimbabwe suprimió eficazmente el suministro de mano de obra emigrante a las minas de Sudáfrica y mandó cerrar todas las oficinas de contratación de mano de obra que había en el país. Con anterioridad, en 1974, a raíz de la catástrofe aérea de Francistown en la que perdieron la vida 82 migrantes contratados, el Gobierno de Malawi prohibió dicha contratación pero permitió a los que ya estaban en Sudáfrica que cumplieran sus contratos [Elkan, 1978]. Los Gobiernos de Botswana, Lesotho y Swazilandia están cada vez más preocupados por los efectos negativos de la extrema dependencia que acarrea la exportación de mano de obra (migrante) a las minas de Sudáfrica, tanto más en una situación en que la demanda de fuerza de trabajo extranjera ha ido menguando en Sudáfrica debido principalmente al creciente desempleo que se registra en dicho país. La llamada política de "internacionalización", el peligro que implica depender en forma permanente de la fuerza de trabajo extranjera y determinados cambios legislativos han hecho aumentar recientemente la demanda de mano de obra local. Al mismo tiempo, el creciente desempleo, especialmente en el sector industrial, ha obligado a la población negra a aceptar "a regañadientes" puestos de trabajo en las minas de oro -la ocupación menos deseada [Stahl, 1982]- llenando con ello el vacío resultante de la escasez de jornaleros inmigrantes procedentes de los países tradicionalmente abastecedores de mano de obra. En estas condiciones, es absolutamente indispensable que los principales países exportadores de fuerza de trabajo -Botswana, Lesotho y Swazilandia- apliquen enérgicamente estrategias que estimulen las oportunidades de empleo a fin de reducir la emigración de sus ciudadanos. Análoga recomendación cabría hacer al Alto Volta y Malí, pues en todos estos países las adecuadas estrategias de desarrollo centradas en la creación de empleos pueden ofrecer alternativas locales a la migración internacional.

Las migraciones africanas: más horizontales que verticales


Mbuyi Kabunda por Revista Pueblos

Contrariamente a la opinión más extendida, existen flujos migratorios más importantes dentro de la propia África que hacia Europa, donde se considera cada vez más a la inmigración africana como una amenaza global: económica, social, demográfica, cultural o identitaria e incluso militar, debido a la amalgama que se suele hacer entre inmigración y terrorismo islamista; el inmigrante es equiparado con el enemigo interno o la quinta columna del terrorismo islamista. África subsahariana, la región más joven del planeta con el 45 por ciento de la población menor de 15 años (el 50 en algunos casos) y sólo el 3 por ciento de los mayores de 65 años, aun cuando orienta cada vez más su emigración hacia otros continentes por la falta de perspectivas locales, está registrando transferencias internas o interafricanas masivas que ponen de manifiesto su extraordinario potencial migratorio. Todo indica que estos flujos intra e interregionales seguirán incrementándose en los años y décadas venideros, y que se feminizan cada vez más al representar las mujeres del 15 al 20 por ciento de dichos flujos. Aunque es difícil hoy saber el número exacto de las poblaciones migrantes en el propio continente, África acoge a unos 40 millones de migrantes, en su mayoría internos, mientras que el Norte, con políticas de inmigración definidas en función de sus necesidades económicas y demográficas, recibe a unos 18 millones de migrantes africanos [1]. Las poblaciones de Malí, Burkina Faso y Níger, países emisores más activos, migran tradicionalmente hacia los países del golfo de Guinea un poco más dotados. Por lo tanto, existe una polarización de movimientos migratorios hacia los países con altos índices de crecimiento económico y/o políticamente más estables, e incluso se realizan movimientos contrarios en el caso de producirse una depresión o un conflicto en estos países receptores. Polos de concentración de las migraciones interafricanas En el contexto arriba dibujado, cabe distinguir la emigración del África del Norte de la del África subsahariana. En opinión de Sami Naïr, el África “blanca” (Egipto y Magreb) exporta sobre todo sus poblaciones hacia Europa y Estados Unidos, mientras que el África subsahariana, aun cuando orienta su emigración hacia Europa -tres países, Ghana, Nigeria y Senegal, son los principales emisores de la emigración del África occidental hacia Europa y representan la mitad de los flujos migratorios subsaharianos, seguidos por Cabo Verde y Malí- conoce importantes flujos migratorios internos: de las zonas rurales hacia las ciudades, de las zonas en guerra hacia las en paz, y de los países más pobres hacia los países ricos. Aunque se estima que África seguirá siendo durante mucho tiempo la principal zona de partida de emigración hacia el Norte -y hacia Europa en particular-, los expertos de las organizaciones internacionales que se ocupan de las migraciones, reunidos en Uganda en octubre de 1995, postularon casi con certeza que se registrará en los próximos años un incremento sustancial de los flujos intrarregionales, que afectará por lo demás a todas las formas de migración: migraciones clásicas, huida de la pobreza, del paro, de la falta de perspectivas de futuro; pero también huida de la guerra, los conflictos, fuga de cerebros, etc. Países como Nigeria, Libia o Gabón, enriquecidos por el petróleo, y aquellos con más recursos como Kenia, Costa de Marfil, Sudáfrica o Botswana, acogen a los trabajadores de los países pobres del África subsahariana, vecinos o procedentes de otras zonas del continente, que expulsan brutalmente cada vez que se manifiesta una crisis económica. La emigración africana es, pues, más horizontal (intraafricana) que vertical (extraafricana): Costa de Marfil, Nigeria, la RDC, Sudáfrica, Kenia, Botsuana y Zambia siempre han sido y son tierras de inmigración. En la actualidad, Burundi, Sudán, Angola, la RDC y Somalia son países emisores de refugiados, según el Alto Comisionado para el Refugiado (ACR), generalmente acogidos en países como Tanzania, la RDC, Sudán, Zambia y Kenia. Todos estos países han acogido a más inmigrantes africanos que los que están en Europa al existir en el continente países emisores, países receptores y países que asumen las dos funciones, como la RDC, Sudán, Costa de Marfil, Senegal, Nigeria o Ghana. Muchos países africanos son, pues, a la vez países de inmigración y de emigración, en función de los cambios políticos y económicos. Refiriéndonos al caso particular de Costa de Marfil, este país recibe cuatro veces más inmigrantes que Francia, inmigración en la base de sus actuales problemas políticos (el 44 por ciento de la población de Abiyán, la capital, está integrado por los inmigrantes). De igual modo, Malawi, uno de los países más pobres y más poblado del mundo, recibió a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 a unos 700.000 refugiados. El África Occidental y el África del Norte son las grandes regiones de las migraciones del continente y sirven de etapas hacia Europa. Las ciudades del Sahara tales como Tamanrasset, Djanet (Argelia), Agadez (Níger), Sabha, Koufra (Libia), El Ayun (Sahara Occidental), Nouadhibou (Mauritania) y Saint-Louis (Senegal) sirven de puntos de paso y de contacto con las redes de migraciones entre el África subsahariana y el Magreb, última etapa antes del asalto europeo. De este modo, se ha pasado de las migraciones internas a las migraciones externas, y en los países receptores del Norte de las migraciones por trabajo (provisional) de las décadas anteriores a las migraciones de asentamiento (permanente) actuales. En definitiva, según Dumont, las migraciones interafricanas toman tres formas principales que constituyen su trasfondo: la migración política (éxodos nacidos de conflictos, de la inseguridad y de represalias contra una minoría en un país), la migración económica (fronteras artificiales inadaptadas a los intercambios seculares, humanos y económicos precoloniales y nuevas movilidades hacia las zonas mineras y petroleras), la migración étnica (carácter transfronterizo de grupos con afinidades lingüísticas y bioculturales). En este contexto se están construyendo importantes y nuevas áreas culturales desde abajo, a partir de los flujos migratorios. Es el caso del triángulo cissakho-Korhogo-Bobo Dioulasso en la zona saheliana donde dichos flujos han reconstituido los espacios de comercio precoloniales por encima de los Estados de los que los comerciantes son oriundos: Malí, Costa de Marfil y Burkina Faso, es decir la libre circulación de personas, bienes, capitales y mercancías, legales o ilegales. Lo mismo puede decirse de la región de los Grandes Lagos. Allí, los militares ruandeses del FPR que ayudaron a Kabila a hacerse cargo del poder en Kinshasa en 1997, a su regreso a Kigali, tras su expulsión por parte del mandatario congoleño, consiguiente a la ruptura con el aliado ruandés, han convertido a Kigali en una capital donde se habla cada vez más el lingala (al lado del kinyaruanda) y se reproducen algunas costumbres congoleñas, que aprendieron durante su estancia en este país, además de casarse muchos de ellos con las congoleñas de Kinshasa con las que retornaron a Ruanda. Los preocupantes brotes de xenofobia Es preciso subrayar que la crisis económica y los conflictos que afectan a muchos países africanos en las últimas décadas, han dado lugar a preocupantes sentimientos xenófobos hacia los inmigrantes, convertidos en chivos expiatorios de los problemas políticos y económicos internos. Es decir, la lucha por el acceso a los escasos recursos, junto a los nacionalismos exacerbados y manipulados por los dirigentes por fines políticos o para distraer a las masas de los fracasos internos, han dado lugar a las violencias xenófobas y a las expulsiones masivas de los inmigrantes procedentes de otros países africanos: Senegal ; Sierra Leona, Guinea-Conakry y Costa de Marfil; Zambia; Kenia ; Uganda; Nigeria; Mauritania y Senegal; Etiopía y Eritrea; Libia ; Sudáfrica, Costa de Marfil , etc. En todas partes, las legislaciones oficiales se han endurecido para hacer imposibles la estancia y el desarrollo de actividades de los inmigrantes, con excepción de Tanzania, Botswana y Burundi que han concedido la nacionalidad a los desplazados de las guerras civiles y a los inmigrantes que lo deseen. Estas prácticas xenófobas y racistas han de interpretarse como el resultado de la manipulación de los bajos instintos de los pueblos por unos dirigentes sin escrúpulos, que en periodos de crisis y para fines políticos, no dudan en fomentar el odio popular contra los oriundos de los países vecinos en nombre del nacionalismo. Aquellos siempre habían vivido según sus tradiciones de solidaridad y de hospitalidad hacia los extranjeros. De este modo, la unidad o la solidaridad africana se han convertido en meros eslóganes de los que se burlan los propios dirigentes. Prevalecen en los oriundos de los países receptores africanos actitudes de rechazo y xenofobia hacia los inmigrantes procedentes de otros países del continente como en los casos de Costa de Marfil, Gabón y Sudáfrica. Muchos de los migrantes subsaharianos se quedan de una manera duradera en los países del norte de África, y en particular en el espacio saharo-saheliano revitalizando el desierto convertido en zona habitable, y sólo una minoría se dirige hacia Europa. Por lo tanto, hay que abandonar el argumento repetido hasta la saciedad por algunos dirigentes europeos de que “sus países no pueden acoger a toda la miseria del mundo”. La cruda realidad es que el 75 por ciento de los migrantes africanos viven en los países del continente. La vida de los inmigrantes subsaharianos no es siempre fácil al ser sometidos a persecuciones racistas y expulsiones en los países norteafricanos. En los países norteafricanos, y en particular en el Magreb, que se ha convertido en zona de inmigración, la tasa promedia de paro es del 20 por ciento, razón que explica que los jóvenes magrebíes también sueñan con emigrar a Europa, y no están dispuestos a acoger en sus países a los inmigrantes subsaharianos con los que no se sienten solidarios. La presión ejercida por la UE en los países norteafricanos desde el “proceso de Barcelona”, para luchar contra la inmigración clandestina e impedir la llegada de subsaharianos a las fronteras europeas, ha tenido como consecuencia el fortalecimiento de la represión hacia este colectivo perjudicando las ya difíciles relaciones afro-árabes. Los países norteafricanos rivalizan en cinismo en sus comunicados, en su papel de gendarmes de las fronteras europeas, con balances como estos: 28.828 subsaharianos detenidos por la policía argelina, 12.000 detenidos por las autoridades tunecinas, 480 redes desmanteladas en 2005 por las autoridades marroquíes y 30.000 intentos de asalto frustrados, vulnerando la solidaridad y la hospitalidad africanas. El futuro de las migraciones interafricanas El futuro de estos flujos migratorios interafricanos se definirá en función de las actuales experiencias de integración regional (ECOWAS, SADC, COMESA, CEEAC, IGAD, UEMOA, CEMAC, EAC), basadas en la libre circulación de personas y de bienes, y de la concreción del desarrollo de las infraestructuras transnacionales del NEPAD, además de constituir dichos flujos el trasfondo de la uniformización de modos de vida y de valores (vínculos matrimoniales y sexuales, convergencia de comportamientos e inclusión civil y política mediante el proceso de asimilación), y de creación de nuevos espacios públicos flexibles y supraestatales en el continente, es decir, las bases de la integración regional esta vez desde “abajo” o desde los pueblos. Además, el crecimiento económico extraordinario experimentado por China e India en las dos últimas décadas crea en estos países la necesidad de mano de obra y les abre a las migraciones procedentes de África y Asia. Los flujos migratorios subsaharianos se orientan cada vez más hacia el Magreb, Turquía

El verdadero rostro del inmigrante de los cayucos

Ni analfabetos, ni huyendo del hambre, ni "engañados por las mafias". 26 años, con formación, con empleo, sólo el 1,2 fue convencido "por los pasantes" para subirse a un cayuco con destino a España, es el perfil del inmigrante que trató de llegar a nuestro país de 2006 a 2008. Un amplio y riguroso estudio de Cruz Roja desmonta muchos de los mitos en torno a la migración africana por esta ruta marítima. Cada inmigrante pagó 641 euros de media por el viaje, sólo en esos tres años la ruta de los cayucos generó un movimiento de 45 millones de euros. Si tenían trabajo, el 86% y sus salarios eran superiores a los de la media de sus países origen. Tres de cada cuatro contaba con una formación educativa media, más del 75% era superior a la General Básica. El 98% intentaba por primera vez emigrar a Europa, y sólo el 1,2% se animó a subirse a un cayuco"reclutado por pasadores de personas", frente al mito de que eran "las mafias", como las califican los políticos europeos, las que "engañaban" a los jóvenes para arriesgar la vida en esas barcazas. Son solo algunas de las conclusiones del Estudio ’Migraciones africanas hacia Europa. Estudio Cuantitativo y comparativo. Años 2006-2008. Centro Nº6 de Nouadibou, Mauritania’ realizado por un amplio equipo de técnicos de Cruz Roja Española y la media Luna Roja Mauritana después de entrevistar a 5.191 emigrantes africanos interceptados en Mauritania cuando intentaban llegar a España a bordo de cayucos. Es importante subrayar que se trata de un estudio ceñido a la ruta de los cayucos desde Mauritania y Senegal hacia Canarias, que tiene unos condicionantes muy diferentes a los movimientos migratorios que se produjeron antes de 2006 o de lo que sucede en la que es ahora la principal vía de salida de emigrantes africanos, la ruta desde Somalia hacia Yemen a través del Golfo de Adén, donde el año pasado cruzaron más de 50.000 personas que si huían de situaciones de desnutrición y de conflictos armados. Desde abril de 2006 cuando una antigua escuela fue reconvertida, con la ayuda del ejército español ,en el centro de asistencia a los migrantes interceptados en las costas mauritanas de Nuadibú, Cruz Roja Española y la Media Luna Roja Mauritana han asistido a 9.733 personas. A más de la mitad, los mediadores de esta organización humanitaria les realizaron un completo cuestionario con el que pretendían definir el perfil de los jóvenes africanos que intentaban llegar a Europa a través de la ruta de los cayucos. Las alargadas piraguas de pescadores del África Occidental aparecieron por primera vez a finales de 2005 en las costas de las islas canarias cargadas con jóvenes africanos, pero no fue hasta 2006 cuando esta vía batió todos los records de la migración por vía marítima hacia España y Europa con la llegada de 31.678 personas a Canarias. Desde entonces los técnicos de Cruz Roja estaban investigando sobre el terreno qué resortes podrían explicar que la ruta desde Senegal y Mauritania se convirtiera entonces en la principal vía de entrada hacia Europa, al menos hasta finales de 2008 (ver gráfico 1). El resultado 4 años después en un estudio que tira por tierra numerosos estereotipos y prejuicios que tanto la clase política europea como los medios de comunicación han construido en torno a sus verdaderos protagonistas, los jóvenes subsaharianos. De las 5.191 entrevistas realizadas en el centro de inmigrantes de Nuadibú se dibuja el siguiente perfil mayoritario del migrante que pretendía llegar a España: "Hombre joven, con una media de edad de 26 años, el 58% solteros, sin hijos, con formación general básica, con personas a su cargo, con trabajo antes de emigrar y con unos ingresos medios de 80 euros mensuales". De los cerca de 10.000 inmigrantes atendidos por esta organización el 8% eran menores de edad y sólo 21 eran mujeres. El 86% de los encuestados tenían trabajo antes de emprender el viaje hacia Europa (ver gráfico 2) algo que ha sorprendido a los responsables de este estudio "porque no se corresponde con la idea que teníamos de que eran los más vulnerables en el África Occidental los que buscaban en el viaje migratorio a Europa una vía para el futuro de sus familias" asegura, en declaraciones a la SER, Jaime Bara, coordinador del estudio y miembro del departamento de cooperación internacional de Cruz Roja Española. La mayoría estaba empleado en la agricultura, el comercio y la pesca. Más del 75% contaban con educación superior a la General Básica (ver gráfico 3) muy por encima del nivel medio de estudios en Senegal, Mali y Gambia, los tres países de donde procedían el 97% de los jóvenes migrantes, frente a sólo un 3% del resto de países africanos. "La tasa de analfabetismo en población adulta (más de 15 años) en Senegal es del 60,7%, en Mali de 76%, en Gambia de 57,5% y Mauritania de 48,8%", precisa el estudio. Jaime Bara señala que esta es "la auténtica fuga de cerebros, personas que pueden aportar valor a sus países, los más preparados, son los que se van a otros países en busca de un bienestar, perder a estas personas con una formación profesional, alfabetizadas, suponen un gran déficit para estos países". Casi la totalidad, el 98%, no procede de países en conflicto salvo los que venían de la región de Casamance donde la guerrilla lucha por la independencia de Senegal de esta zona de enorme riqueza agricola . El mito de las "mafias" hecho añicos El 98% es la primera vez que intentaba emigrar a Europa y también la primera ocasión en la que es repatriado, frente a otras vías como la de Libia o Marruecos donde las personas permanecen durante años intentando culminar su proyecto migratorio con varios intentos (ver gráfico 4), Sólo el 1,2% de los jóvenes responden en la encuesta haber sido "reclutado por un pasador" frente al 70% que dice que fue una decisión propia o el 12% que apunta a que le convenció su familia."Esta pregunta aclara una cuestión importante, puesto que se tiende a pensar que la decisión de migrar surge la mayoría de las veces de una presión o imposición familiar, sin embargo, la encuesta refleja que en más de un 70% de los casos la decisión es propia" Casi la mitad de los viajes, el 48,8% fueron organizados por "medios propios", frente al 32% organizados por los ’pasadores’. Nuadibú y la pequeña isla de Diogué, en la desembocadura del río Casamance en el sur de Senegal fueron los dos puntos principales puntos de salida que salieron a relucir en las encuestas. Según se señala en el informe "si observamos las tendencias por años, en el 2006 un 63% de los viajes fueron organizados por ’pasadores’. Esta cifra desciende drásticamente en 2007 y 2008. En estos dos últimos años el porcentaje de viajes organizados por medios propios se eleva considerablemente a 72 y 52% respectivamente". Al preguntarles si estarían dispuestos a volver a intentarlo, el 70% manifiesta que no, que regresará a su país y se quedará en él. 45 millones de euros invertidos en el sueño europeo Aunque el precio del ’pasaje’ para subirse a un cayuco fue oscilando levemente, la media que pagó cada inmigrante fue de 641 euros. Cruz Roja ha multiplicado esa cifra por las personas que llegaron a España esos 3 años y da como resultado que estas personas han invertido un total de 45 millones de euros para tratar de cumplir sus "sueños europeos" En el estudio se explica de esta manera: "Si sumamos las cantidades pagadas por todos los encuestados que han respondido a la pregunta, obtendríamos un total de 1.114.465,21 de Euros. Si lo extrapolamos al número de personas migrantes llegadas a las costas españolas entre los años 2006 al 2008 (70.661) nos da una cifra de 45 millones de Euros. Cifra verdaderamente alta, que hace comprender la magnitud del negocio que se ha formado en torno a la migración, derivado de su alta rentabilidad y la relativa facilidad con que se lleva a cabo; obviando, por supuesto, el gran peligro que corren los migrantes que utilizan la vía marítima en la travesía hacia el lugar de destino." Jaime Bara que tiene una amplia experiencia en cooperación internacional y especialmente en África asegura que "con 45 millones de euros se pueden hacer inversiones muy importantes en este continente". La de los cayucos es una de las rutas más duras y dramáticas de todas las que tratan de conducir a Europa y donde se han producido más muertes constatadas desde 2006," inmigrantes extremadamentes vulnerables, miles de personas han perecido ahogadas y aunque el número de personas que atendemos en Mauritania se ha reducido a la mitad no deja de ser una sangría de miles de jóvenes cualificados que tratan de buscar una salida y una mejor forma de vida acaben falleciendo o fracasando en su intento" recuerda Bara que subraya que" el proyecto migratorio está muy mitificado, y sólo una minoría de los que se lo proponen acaban llegando desgraciadamente". En 2009 cayó a la mitad las personas que pasaron por el polémico centro apodado ’Guantanamito’ por sus duras condiciones. Aministía Internacional o CEAR han cuestionado las condiciones en las que son recluidos los inmigrantes y Jaime Bara reconoce que "requeriría de otras mejoras, existen alternativas como las que propone Naciones Unidas para no tener que detener a estas personas, lo que sucede que en 2006 en Mauritania no existían instalaciones con las mínimas condiciones para acogerles. Las condiciones son infinitamente mejores que las que tenían antes de crearse el centro en 2006 y hay que tener en cuenta la estancia media en el centro es de 4 días". La llegada de inmigrantes por esta vía a España ha descendido a niveles desconocidos desde mediados de los 80 cuando llegó la primera patera a las costas andaluzas o desde 1994 cuando arribó a Canarias la primera barca con inmigrantes irregulares. En lo que va de año el descenso es del 99% en Canarias donde sólo ha llegado una patera en 2010, mientras que desde 2008 no se ha detectado la salida de ni un solo cayuco desde Senegal. Esto no significa que se haya cerrado esta vía porque los movimientos migratorios siempre han sido cambiantes. "Nuestra esperanza es que este flujo de inmigración irregular disminuya, no porque estemos en contra porque consideramos la emigración un derecho de toda persona sino porque la emigración llevada acabo de esta forma tiene unas consecuencias humanitarias catastróficas desde el punto de vista psicológico y físico para las personas que lo intentan", concluye Bará. Cruz Roja Española cuenta además con otros dispositivos de atención a migrantes en Senegal y Mali.

viernes, 17 de septiembre de 2010

domingo, 15 de agosto de 2010

Actividades para 4°año

1. Explica las diferencias entre un país desarrollado y subdesarrollado en relación al uso del suelo
2. ¿Qué elementos se debe tener en cuenta para un correcto uso de los recursos?
3. ¿ Qué es el desarrollo sustentable?

domingo, 1 de agosto de 2010