martes, 19 de octubre de 2010

Entrevista con Mike Davis: La pobreza urbana y la lucha contra el Capitalismo / Sin Permis

o

Tu último libro describe el crecimiento de las barriadas. ¿Qué tan extenso es este fenómeno?

La ONU estima que más de mil millones de personas viven en las barriadas. Estas están definidas

como áreas urbanas de tenencia irregular y de viviendas deficientes, que carecen de una o más

infraestructuras esenciales, tales como la electricidad o sanidad. Este número se duplicará en los próximos 15 o 20 años.

Todo el crecimiento futuro de la población mundial ocurrirá en ciudades, un 95% del mismo en

ciudades del Sur Global y la mayor parte en suburbios. Pero los pobres urbanos son un grupo mucho más numeroso que los habitantes de los suburbios –el número total es al menos de dos mil millones. Dado el nivel de pobreza urbana, ¿por qué la gente del Sur Global migra a las ciudades? Las personas anhelan la modernidad y se arriesgan. Sabiendo muy bien que las probabilidades están contra ellos, la población rural, especialmente adolescentes y adultos jóvenes, se irán a la ciudad si perciben que aun hay una pequeña posibilidad de mejoría y una nueva vida. Objetivamente, las oportunidades de empleo a veces son peores en la ciudad, y el costo de vida es casi siempre más alto. Pero las oportunidades educativas son mayores.

¿En qué se diferencia la vida de los nuevos habitantes de la ciudad de la que tuvieron las

generaciones anteriores? Además de la empinada cuesta de la vida en las modernas barriadas y la pobreza urbana, lo que es novedoso es la desconexión estructural y permanente de muchos habitantes de la ciudad respecto de la economía formal. Más de mil millones de personas a duras penas alcanzan a subsistir, o menos, en el "sector informal" de las ciudades del tercer Mundo, como vendedores ambulantes, servicio doméstico, mendigos y similares. ¿Tan extensas son las áreas del planeta que están viendo el crecimiento urbano sin un desarrollo económico real?

La urbanización, especialmente en África, se ha desconectado de la industrialización y aun del

desarrollo económico en sí mismo. Los factores que hacen que la gente se vea expulsada de las

áreas rurales (tales como la mecanización y la competencia de importaciones) ahora actúan

independientemente de los factores de atracción hacia las ciudades (como el crecimiento del

empleo). Los 80 fueron especialmente catastróficos. La deuda del Tercer Mundo y los programas de ajuste estructural empujaron a la gente del campo hacia las ciudades al mismo tiempo que el sector público urbano y el gasto en infraestructura estaban siendo eliminados. El "Planeta de los

suburbios" actual es una obra del imperialismo neoliberal. ¿Estos desarrollos cómo dan forma a la batalla contra el capitalismo? Pienso que deberíamos conceder que el marxismo revolucionario ha subestimado los procesos de "pauperización absoluta". La clase obrera informal de ahora -la gran cantidad de habitantes de las ciudades permanentemente excluidos de la esperanza de un trabajo formal o seguridad residenciales similar en algunos sentidos al de la clase trabajadora clásica.

Ésta, como Marx escribió, usa "cadenas revolucionarias" -no tiene interés en la perpetuación de la

desigualdad capitalista. Pero a diferencia de la clase obrera industrial, está exiliada de la

producción social y las posibilidades de auto organización y cultura ofrecidas por la industria

moderna. Creo que estamos asistiendo a una búsqueda de nuevas fuentes de poder por parte de los pobres urbanos. Esto es particularmente cierto en los países latinoamericanos, tales como Venezuela, Bolivia y Argentina, donde hemos visto a habitantes de los suburbios periféricos hacer un uso excepcional de su poder para interrumpir el comercio de la ciudad, para usar a los dioses del caos como aliados. Pero la conciencia política de las barriadas latinoamericanas debe mucho a la presencia de destacados líderes activistas procedentes de grupos de trabajadores desindustrializados –por ejemplo los anteriores mineros del estaño que migraron hacia las ciudades bolivianas de La Paz y El Alto. Ellos representan el recuerdo vivo de generaciones de luchas de clase. En otras situaciones, tales como las de África o del sudeste asiático, la competición darwiniana en el sector informal -con enormes cantidades de personas hacinadas en unos pocos huecos de supervivencia- favorece el racionamiento del sustento por jefes étnicos o religiosos, políticos corruptos y populistas farsantes. Pero aun donde estas tendencias que excluyen a los grupos parecen más arraigadas, no deberíamos volvernos fatalistas. Los pobres no andan silenciosamente por la noche -este es un mundo urbano donde la agitación y la rebelión están por todos lados. Tú también has sido un destacado opositor de George Bush, quien en estos momentos parece estar padeciendo una profunda crisis política. Cuánto de esta crisis se debe a factores domésticos y cuánto a la guerra y ocupación de Irak? A pesar de la inminente desaparición de las calles del movimiento contra la guerra, y de la traición de los Demócratas -algunos, como Hilary Clinton, son más halcones que la Casa Blanca- la ocupación de Irak se ha vuelto profundamente impopular. Poco más de un tercio de los votantes siguen apoyando al presidente. Al mismo tiempo, la coalición Bush descompone internamente a medida que la derecha cristiana se enfrenta a los partidarios seculares de Bush, los Republicanos tradicionalistas luchan con los empresarios que proponen un trabajo más barato, y finalmente los libertarios rebelan contra el diseño legislativo orwelliano sobre la seguridad interior. Pero los problemas republicanos no son necesariamente oportunidades democráticas. La principal respuesta del liderazgo Demócrata ante la crisis de la Casa Blanca ha sido moverse aún más a la derecha con la esperanza de cosechar votos Republicanos. Gran parte del electorado de Estados Unidos -desde la inmigración latina hasta la juventud – son huérfanos de las dos partes del sistema. Sólo un 21% del electorado votó en las últimas elecciones de California, un mínimo histórico. En estos momentos la inmigración parece ser el único gran tema en los Estados Unidos El evento político verdaderamente sísmico más reciente ha sido el surgimiento, como fuerza pública, de una clase obrera inmigrante hasta ahora invisible. Las demostraciones de los derechos de los inmigrantes en abril y mayo movilizaron cerca de cuatro millones de personas y fue ciertamente la más numerosa en la historia de los Estados Unidos, haciendo parecer pequeña las monstruosas protestas antibélicas de 1970. Los organizadores quedaron atónitos por la concurrencia en las calles de una docena de ciudades, así como de la huelga general en los barrios latinos de California. Las demostraciones fueron también diversas, con amplios contingentes asiáticos en Los Ángeles, la flamante presencia irlandesa en Chicago y la significativa participación musulmana por todas partes.

Los sindicatos progresistas tales como el de los empleados de servicios y el de trabajadores

hoteleros, junto con las celebridades radiofónicas de habla hispana y algunos líderes religiosos,

jugaron roles organizativos importantes. Sería un error atribuir esta revuelta simplemente al proyecto de ley que amenaza convertir a los trabajadores indocumentados y sus familias en criminales. Internamente, la "Guerra al Terror" implicó una erosión radical de los derechos de todos los inmigrantes, legales e ilegales. El expolio político, jurídico y económico se ha realizado con una urgencia que trasciende la mayoría de las divisiones previas entre los grupos inmigrantes.

Históricamente, el radicalismo de los Estados Unidos, con la importante excepción de la batalla por

la liberación de los negros, recapitula la revuelta de los trabajadores inmigrantes -alemanes e

irlandeses en la década de 1880, eslavos, finlandeses e italianos en el 1900, judíos en los años 30, etc. Como en Europa, una desafiante nueva izquierda -tremendamente diversa en su origen étnico- está surgiendo de estas crecientes batallas contra maquilas, malas escuelas, patrullas fronterizas y la guerra imperialista. La tragedia de Nueva Orleáns desatada por el huracán del año pasado pareció ser el principal detonante del cambio de suerte de Bush. ¿Qué pasó entonces?

La secuela del Huracán Katrina ha sido la política deliberada de limpieza étnica en Nueva Orleáns y parte de la costa del Golfo de Mississippi. Cientos de miles de obreros negros, junto con

comunidades enteras de Nativos Americanos y mestizos (Cajuns), perdieron sus casas y sus

maneras de ganarse la vida. Como dijo un enojado amigo Cajun, "las élites están tratando de pisotear nuestras malditas almas". Lágrimas de cocodrilo han sido derramadas, pero ha habido una carencia sorprendente de respuestas por parte de los sindicatos y de líderes negros en el Congreso respecto de la muerte de los negros de Nueva Orleáns. Localmente existe un enérgico contraataque de militantes barriales y Acorn, una organización nacional de propietarios de cuello azul, pero no es un movimiento nacional. En otras palabras, la situación de los Estados Unidos es compleja y paradójica. Por un lado, la atrofia de las protestas antibélicas así como la ausencia de solidaridad efectiva con Nueva Orleáns. Por otro, expresiones extraordinarias de la unidad y militancia inmigrante. La esperanza, como siempre, es que la nueva generación de la izquierda estadounidense encuentre rápidamente la unidad y una voz nacional.

ACCIONES Y REPRESENTACIONES EN LOS ESPACIOS URBANOS Claudio Lobeto * Instituto de Arte Argentino y Latinoamericano Facultad de Filosofía y Letras. U

ACCIONES Y REPRESENTACIONES EN LOS ESPACIOS URBANOS

Claudio Lobeto * Instituto de Arte Argentino y Latinoamericano Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires (UBA).

"La ciudad contemporánea se desarrolla bajo postulados poéticos y fatídicos, alternativas derrotas y ensimismamientos míticos al servicio del poder mercantil, y no como un modelo de introspección analítica acerca de los problemas sociales, culturales, funcionales y antropológicos." (Fernández Alba, A. 1990:147).Megaciudades latinoamericanas: La importancia que en los últimos años han adquirido los estudios sobre las ciudades obedece a una multiplicidad de factores que centralmente se articulan en todo lo que significa una trama urbana cada vez más densa, desembocando en la reformulación de problemáticas ya existentes y aparición de nuevas. La "explosión" de las principales megalópolis latinoamericanas (Buenos Aires, San Pablo, Río de Janeiro, México D.F.) se da en todo sentido. Desde el incremento en los índices de polución ambiental, hasta el colapso de los servicios públicos y pasando por la desesperación de las administraciones gubernamentales que en contextos de recorte presupuestario deben atender mayores demandas con menores recursos, los problemas son cada vez mas recurrentes, situando el debate sobre las ciudades como prioritario y necesario de abordajes de carácter transdiciplinar acorde a esta complejización de la "cuestión urbana". Así como en los últimos años se observa una notable caída en los indicadores socioeconómicos y en simultáneo a una urbanización acelerada y "desprolija" de las principales ciudades latinoamericanas, con habitantes que orillan en el umbral de los 20 millones en el caso de México, la fisonomía de las ciudades se va alterando día a día. Los límites se expanden más alla de los mapas oficiales. Ciudades satélites se van agregando a la "mancha urbana" inicial y hacen difusas estas "fronteras". La necesidad de nuevas vías de comunicación, los transportes públicos, el desorden en el tráfico vehicular, etc., aparecen ligados a este macrocrecimiento y transformación de las urbes. En La ciudad de los viajeros, travesías e imaginarios urbanos: México 1940-2000, producto de una investigación sobre esta ciudad, García Canclini señala en relación a la mancha urbana: "La multiplicación de estas "ciudades dentro de la ciudad", admitida por los planificadores de los años 70, acentuó los procesos de segregación espacial y compartimentación de las experiencias en el uso del espacio urbano." Esta difuminación se expande y se extraterritorializa en varias direcciones. La imagen de lo urbano trasciende el ámbito geográfico y circula por otros espacios como el electrónico. "A partir de la interrelación entre las nuevas tecnologías, la ciudad y el flujo de bienes simbólicos, destaca la existencia de un espacio electrónico, en el cual traslaciones virtuales de los medios masivos, en especial la televisión, operan sobre las urbes que simultáneamente a su incremento en extensión y habitantes, van perdiendo sus características particulares en cuanto a individuación geográfica y en tanto funcionalidad civil. Los movimientos poblacionales, no sólo se traducen en flujos de personas y en espacios reales, otros movimientos de índole virtual refuerzan estos mecanismos mencionados... Estos movimientos migratorios mas ilusorios que reales, toman forma en la explicación de mecanismos encubridores que obstaculizan la verdadera dimensión de despoblación rural y repoblación urbana a través de una "realidad" que de tanto repetirse por los medios, se convierte en verdad inapelable". La creciente incorporación de masas de migrantes provenientes de zonas rurales, pueblos, ciudades del interior y países limítrofes hacia los grandes centros metropolitanos, es la consecuencia -entre otros motivos- de economías regionales en quiebra y de supuestas mayores posibilidades de trabajo y desarrollo personal que ofrecen las urbes. Visión a la que ayudan los medios de comunicación masiva, difundiendo patrones culturales y de comportamiento solo posibles de ser adquiridos -y consumidos- en estas megaciudades. Espacios-escenarios urbanos: Asi, flujos migratorios o "ethnoescapes" y flujos comunicaciones y simbólicos dan lugar a mecanismos de fragmentación-concentración en el campo cultural, articulando un bombardeo visual de imágenes globalizantes, con aquellas instancias locales en las que se reconstruyen conflictos propios, memorias colectivas e identidades particulares. Esto da como resultado un sinnúmero de mutaciones culturales, cuyos signos mas visibles se expresan en la aparición y desaparición continua de actores sociales, que hacen de las ciudades, espacios- escenarios en las que el entrecruzamiento de producciones socioestéticas diversas, registra nuevos agentes y nuevos posicionamientos, identidades sociales y diversidad cultural, articulación entre lo tradicional y lo moderno, representaciones y apropiaciones simbólicas, usos sociales y prácticas estéticas e industria cultural y consumo, constituyendo transformaciones culturales y artísticas que superan al propio espacio urbano. La dimensión cultural en esta densidad urbana es la de una "porosidad intercultural", cuyo rasgo mas distintivo es la resolución de cruces multiculturales diversos como locales-global, público-privados, tradicionales-modernos, etc., en la coexistencia de múltiples producciones que mixturan estos pares dicotómicos. Lo local, lo regional y lo global aparecen entonces, como categorías articuladas que expresan esta multiplicidad de flujos culturales y estéticos que en forma acelerada y transitoria recorren el planeta y acentúan estas tensiones entre identidades ciudadanas, nacionales, regionales y planetarias. Es el caso de las "comunidades transnacionales de consumidores" a que alude García Canclini al hacer referencia a los jóvenes y a los televidentes, cuyos gustos y preferencias no se encierran en un país sino que se insertan en corrientes regionales e internacionales. La ciudad como núcleo central en los procesos de modernización y de globalización actúa como el "lugar" donde se viabilizan una sumatoria de identidades en las que intervienen los relatos y las representaciones de los sujetos sociales. Desde diferentes miradas, diferentes ciudades aparecen en el imaginario social y dan cuenta de una estética urbana, síntesis de esta "mixturación" de prácticas y representaciones. Estas maneras de visualizar a la ciudad son citadas por Alain Moins que en su trabajo La metáfora social, utiliza para referirse a las políticas de comunicación que desde las instituciones se llevan a cabo para crear "marcas de ciudades": "Hay una toma de conciencia global de las potencialidades de lo local. Es en tal contexto donde se han desarrollado estrategias de promoción de las ciudades a través de la producción de imágenes de marca que se supone caracterizan a las localidades." En este caso, la "imaginería urbana" de Moins, se sustenta en estrategias publicitarias, centradas en torno a la acción de las administraciones municipales y del sector privado, pero deja un lugar al rol de los "ciudadanos" como sujetos activos que a través de tradiciones, fiestas, etc. son generadores de "operaciones de reciclaje" de estas "marcas identitatarias". Ciudades reales que se oponen a ciudades metafóricas e imaginarias o ciudades modernistas que se superponen con ciudades patrimoniales, son amplificadas desde los medios masivos y las instituciones oficiales, pero también son apropiadas y retomadas por grupos urbanos, organizaciones barriales, ONGs y movimientos sociales, ampliando el campo de la "comunicación territorial". Apropiaciones y usos en el espacio urbano: Este Tercer Sector, como parte integrante de la sociedad civil, interactúa con otros dos agentes del "campo cultural urbano": las instituciones municipales y la industria cultural y de la comunicación. En un contexto actual en el cual la globalización de los mercados culturales disuelve las identidades nacionales, la fragmentación aparece ligada a una suerte de contratara en la cual se van delineando grupos urbanos y movimientos sociales que apelan a verdaderos rituales modernos. Rituales que se expresan en dramatizaciones espaciotemporales y prácticas socioestéticas que presentan y representan vivencias y problemáticas sociales y que son el inicio de culturas "under", alternativas o marginales. Prácticas estético-políticas y socioestéticas entendidas como: "aquellas manifestaciones en donde lo reivindicativo y la demanda se entremezclan con aspectos lúdicos e intenciones estéticas que articulan una dimensión simbólica y un sistema comunicaciones. Al aludir a "la presentación del mundo como espectáculo" y en relación directa al impacto de los medios masivos, los movimientos y grupos sociales tratan de superar esto y "representan" al ciudadano-consumidor una nueva versión de la realidad." Melucci señala, en relación a los efectos provocados por la "acción colectiva" que uno de ellos es la "innovación cultural", es decir, la modificación de hábitos, gustos y normas que ingresan en el universo social a partir de la producción de acciones por parte de los movimientos sociales urbanos. Los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, pintados sobre el piso de la mencionada plaza y rodeando a la Pirámide de Mayo cobra sentido como "marca" de las demandas aún insatisfechas de los organismos de derechos humanos. La protesta de un grupo vecinal en torno a un problema específico, como es la disputa en torno a un predio verde o la oposición al trazado de una autopista, supone un despliegue de acciones que contemplan y referencian una visión tradicional o patrimonialista de la ciudad. Se apela a argumentos basados en la inconveniencia de las transformaciones, la defensa de lo público -ante el avance de lo privado-, y los derechos ciudadanos, y en muchos casos hasta se invocan criterios estéticos, argumentaciones que en otros casos se invierten cuando la instalación de un "shopping" puede favorecer a los vecinos del área de influencia. Asi, las inmobiliarias motorizan la "modernización" de ciertas áreas urbanas basándose en criterios de rentabilidad de las propiedades -en muchos casos contando con la complacencia de los funcionarios de turno- y con el acuerdo tácito o evidente de los propios vecinos. Si bien es cierto que de los cuatro circuitos socioculturales, son los de la "comunicación masiva" y los "sistemas restringidos de información y comunicación" (correo electrónico, internet, telecomunicaciones, satélites), manejados por las industrias culturales y corporaciones transnacionalizadas, los que mayor grado de recepción tienen por parte de los jóvenes, éstos demuestran también una capacidad propia en la utilización por ejemplo de los espacios urbanos, tanto privados como semi-públicos y públicos. Los "shoppings", paradigmáticos como "los no lugares" de los que habla Marc Augé, sitios creados para la circulación y el escaso contacto social, son resignificados por los jóvenes que empiezan a utilizarlos como punto de reunión, cambiando ese "no lugar" por un "lugar de encuentro". Lo mismo sucede con los "Mc Donalds" o los "24 horas" de las estaciones de servicios, diseñados para un consumo rápido -"fast-food"-, siguen funcionando como sitios de paso, pero convertidos en paso obligado y de encuentro entre los adolescentes. En forma similar frente a estos nuevos espacios paradigmáticos de la modernidad actual, siguen existiendo las ferias artesanales, donde la relación entre los sujetos actuantes, el entorno, los productos y hasta el paseo adquieren significaciones diferentes. La "estética urbana" se completa con una "polución visual" que satura los espacios públicos. Carteles publicitarios coexisten con los graffitis. Postes de luz se convierte en soportes para todo tipo de anuncios, incluyendo campañas políticas, oferta de servicios y profesionales, etc. Inscripciones emblemáticas de bandas de rock, grupos barriales y "barras" de equipos de fútbol alternan con pintadas anónimas, utilizando todos, lenguajes acorde a un universo massmediático pero situándolo en un contexto determinado y un momento particular. Como símbolo de esta era comunicacional, antenas parabólicas contrastan con flaneras y budineras que a manera de antenas, los sectores populares utilizan para bajar señales televisivas. A modo de conclusión: Cual es el sentido y significación para los sujetos sociales que llevan a cabo estas acciones y prácticas socioestéticas? y Donde se expresa la manera de vivenciar la ciudad actual?, son dos preguntas que sitúan un punto para comenzar a pensar en torno a la redefinición de los alcances y objetivos de las políticas culturales, en este caso una política cultural municipal. "Los murales, pintadas y "graffitis", las pinturas faciales y máscaras y las escenografías cambiantes de las protestas ecologistas y vecinales, se proyectan sobre los espacios urbanos dejando las marcas de producciones específicas." Estas representaciones-acciones que parten de los sujetos sociales y que hacen de sus prácticas socioestéticas una forma específica de vivenciar el entorno local implican formas diferenciadas de apropiación y utilización del espacio urbano. A partir de estas "huellas" que ofrece la lectura del espacio urbano y sus actores, articular las demandas y vivencias específicas de los habitantes de una ciudad, supone un planteamiento que contemple el accionar propio de los sectores sociales -Tercer Sector- en relación con las industrias culturales y una nueva concepción de las políticas culturales.

Para los europeos, “la culpa de la crisis es de los inmigrantes”

"Los políticos europeos no lo dicen literalmente, pero insinúan que los inmigrantes tienen la culpa de la crisis. Entonces, la gente común lee en los discursos políticos que hay desempleo porque hay mucha inmigración y así se convierte a los extranjeros que residen aquí en chivos expiatorios de la crisis económica." El que lo afirma es el español Lorenzo Cachón Rodríguez, doctor en sociología y especialista en inmigración de la Universidad Complutense de Madrid. Cachón Rodríguez cuenta que el panorama es conflictivo. "Proliferan las protestas y las huelgas, como las que hubo semanas atrás en el Reino Unido para rechazar la contratación de trabajadores de otros países de la Unión Europea. También los enfrentamientos sociales, como en España, contra los trabajadores extracomunitarios, a los que se les pide que vuelvan a sus países después de haber requerido su fuerza de trabajo durante más de una década", dice. En un extenso diálogo telefónico con La Nación, Cachón Rodríguez sostiene que es necesario oponerse "activamente" a los discursos xenófobos. "La realidad es que hay desempleo porque hay una crisis económica. España tenía una industria de la construcción absolutamente sobredimensionada y esto no se ocasionó porque hubiera muchos inmigrantes..." La recesión económica que está viviendo Europa afecta a los inmigrantes económica y socialmente "de modo muy duro", dice el sociólogo. Por primera vez desde 1994, el desempleo aumentó en toda Europa. "Muchos inmigrantes que han llegado a España desde 2000 con voluntad de asentarse y de integrarse se hipotecaron fuertemente para comprar una vivienda y ahora muchos no van a poder afrontar esas hipotecas." Asesor e investigador de la Organización Internacional del Trabajo y la Unión Europea en asuntos relacionados con la migración, Cachón Rodríguez busca soluciones al racismo y la exclusión que viven los extranjeros en España desde la presidencia del Foro para la Integración de los Inmigrantes. -¿Cree que los discursos políticos que criminalizan al inmigrante son los responsables de la ola de xenofobia y el racismo que crece en Europa? -Sí, yo soy de esa opinión. Hay discursos de fracciones de extrema derecha que son directamente xenófobos. Luego, hay discursos que en sí mismos pueden no ser calificados de racistas, pero que son percibidos, leídos y escuchados por la opinión publica de tal manera que siembran realmente la xenofobia. Es en la ambigüedad donde se siembran estas posiciones discriminatorias. -¿Por qué esa ambigüedad? ¿Los políticos en Europa tienen miedo de hablar francamente sobre gestión migratoria? -En Europa, hay temor de hablar de la inmigración, porque, electoralmente, el tema no vende bien. Por ejemplo, en el primer debate de la última campaña presidencial de España, el candidato opositor Mariano Rajoy le preguntó a José Luis Rodríguez Zapatero por qué cuando llegó al poder había en el país sólo un millón de inmigrantes legales y ahora había tres millones. El presidente no fue capaz de responder a esto; se quedó callado. Sin embargo, la respuesta que le tenía que dar era estupenda: "¿Ve lo bien que lo hemos hecho? Tenemos más recursos para seguridad social". -¿La inmigración, como fenómeno social, es más positiva para unos que para otros? -Para un colectivo social, la inmigración no es competencia, pero para los sectores europeos más necesitados, sí lo es. Si hay 200 becas escolares en un pueblo, porque hay 200 niños que las necesitan, hasta ahí todo funciona muy bien. Pero si llega más gente que requiere becas y la respuesta de las instituciones no es aumentarlas, algunos que tenían becas se van a quedar sin ellas. Entonces, habrá gente que diga que esto ocurre porque llegan inmigrantes. Claro, ocurre porque hay inmigrantes, pero la culpa no la tienen ellos, que pagan sus impuestos, sino las instituciones, que no han dado una respuesta a esta nueva situación. -La Unión Europea endureció su política inmigratoria con la llamada Directiva del Retorno. ¿Cree que la crisis va a llevar a cerrar aún más las fronteras? -Es difícil endurecer aún más las políticas europeas. No creo que la crisis vaya a tener mucha incidencia, pero sí va a tener incidencia en la opinión pública, porque ahora puede haber discursos que culpabilicen al inmigrante. -Una de las primeras medidas que tomó la UE cuando se desató la crisis fue aprobar el llamado Pacto por la Inmigración y el Asilo, que consagra el principio de la selección de los inmigrantes. ¿No cree que la medida es discriminatoria? -No, creo que los países de recepción deben organizar la migración en términos de las necesidades de trabajo. Pero no podemos reparar sólo en nuestras necesidades de trabajo. Por ejemplo, en Europa hay mucha necesidad en el sistema sanitario. Sin embargo, ¿cómo vamos a traer médicos de Bolivia o de la Argentina, que los necesitan tanto o más que nosotros? -Zygmunt Bauman, en su libro El archipiélago de excepciones , dice que las normas de selección de la Unión Europea están basadas en criterios económicos y que éstos convierten en selectivos los derechos sociales y los derechos humanos. -No compartiría del todo esta crítica. Yo acepto que haya una selección económica y que se pueda gestionar bien en términos democráticos si, y sólo si, los inmigrantes tienen todos los derechos civiles, sociales, económicos y culturales, idénticos a los autóctonos. -¿El crecimiento sostenido que tuvo Europa en los últimos años hubiera sido posible sin la mano de obra extranjera? -En la inmensa mayoría, la inmigración ha tenido un efecto positivo y muy importante sobre el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad europea. Es curioso: a mediados de 2007 los datos de la desocupación de España fueron los más bajos de la historia, por debajo del 8 por ciento, y eso ha sido en el máximo momento de impacto de la migración. O sea: nunca hubo tan pocos españoles desempleados como cuando hubo tantísimos extranjeros trabajando aquí. -¿Falta, entonces, una adaptación de la sociedad y de las instituciones al fenómeno migratorio y a la multiculturalidad? -Sí, pero yo empezaría por las instituciones, que son las que tienen el gran desafío de adaptarse a la realidad, y continuaría con los políticos y sus discursos. Si ellos cumplen esta función, todo se desarrollará mejor. La sociedad se ha adaptado bastante bien. En España se están integrando los inmigrantes de un modo aceptable y razonable. Hemos pasado en los últimos 8 años de tener medio millón de inmigrantes a tener, ahora, cerca de 5 millones de extranjeros viviendo en España. Esto representa el 11 por ciento de la población del país. La Nación, 18-02-09

Los inmigrantes y la UE

Los ministros del Interior de la Unión Europea aprobaron ayer una directiva sobre repatriación de inmigrantes irregulares, en la que se establece que desde el momento en que ésta se ponga en vigor los inmigrantes tendrán derecho a dejar el país de forma voluntaria durante un plazo de entre siete y treinta días. Si no lo hacen en ese tiempo, los Estados miembros retendrán a los inmigrantes en centros durante seis meses, pudiendo llegar hasta los 18 en el caso de aquellos que no cooperen, esto es, si no se logra identificar la nacionalidad del afectado o su nación de origen obstaculiza el regreso.

También establece que cuando una persona en situación irregular es expulsada, no podrá entrar en territorio comunitario durante los próximos cinco años. La ley todavía no está aprobada. La fase final se celebrara el próximo 18 de junio, pero todo apunta a que dentro de poco será una realidad, ya que cuenta con el apoyo de la mayoría de los países miembros. Sin lugar a dudas es una ley muy polémica y como no podía ser de otra manera, las reacciones de los implicados no se han hecho esperar. Horas después de conocerse la postura de los ministros, asociaciones de inmigrantes salieron a la calle para denunciar esta nueva legislación, ya que les parece "racista y xenófoba". Los inmigrantes aseguran que les han utilizado como trabajadores, y ahora como la crisis económica aprieta “ya no les quieren”. Los inmigrantes también dijeron que “por mucho que suban las murallas europeas” y mientras que se mantenga la situación de pobreza en muchas naciones, ellos seguirán llegando a los países ricos. El Gobierno por su parte, dice que es una medida necesaria para evitar que en cada país se haga lo que se quiera en materia de inmigración. El PP coincide y cree que es el camino adecuado para tener un mayor control de las fronteras. Parece que es una de las pocos asuntos en los que tanto el PSOE como el PP y la mayoría de los países miembros están de acuerdo. Lo cierto es que en los últimos meses estamos asistiendo a un endurecimiento de todas las medidas inmigratorias por parte de los gobiernos pero … ¿estamos ante la solución?

http://www.youtube.com/watch?v=3bTXwOPRwjs&feature=related

Las dos caras de la migración

El endurecimiento de la política migratoria en Italia, como quedó evidenciado con el nuevo “paquete de seguridad” aprobado por el gobierno de Berlusconi, no puede hacernos olvidar que si bien todos los inmigrantes extra-comunitarios son iguales, algunos son más iguales que otros… Así, la incontinencia verbal de la derecha alterna, como en tantos otros países, con posiciones más pragmáticas que abren la puerta a la institucionalización de diferentes categorías de inmigrantes. La ministra Mara Carfagna lo dijo con crudeza cuando distinguió entre “el inmigrante-recurso” y el “inmigrante-problema”…
Esta distinción tiene su historia, y resulta muy clara para los italianos. En la primera categoría entran las “badantes” (las encargadas de cuidar a los ancianos y discapacitados), sin las cuales, como expresó el ministro del interior, “Italia viviría un drama socio-existencial que involucraría a las familias con menores, ancianos y discapacitados”. Esta especificidad italiana está relacionada con datos duros: es el país que cuenta con la tasa de natalidad más baja de Europa, y en contrapartida, tiene un alto porcentaje de población anciana. El envejecimiento de la población, sumado al carácter regresivo de prestaciones estatales en cuanto a asistencia social, explican el aumento vertiginoso de la demanda de “badantes”, que junto con los Colf (expresión eufemística que designa a las “colaboradoras domésticas”, desde cocineras a servicio de limpieza), forman un ejército auxiliar femenino, provenientes de países extra-comunitarios. Son mujeres de mediana edad, que pagan un alto costo de “integración” al Primer Mundo: el abandono de sus propias familias en sus países de origen, a las cuales mantienen con el dinero que envían, para dedicarse al cuidado de otros…
En 2007, el 60% de las demandas de regularización presentadas (más de 400 mil, entre 724 mil demandas), provenían de “badantes” y Colf, fenómeno que ilustra la feminización de la immigración. En ese año, solo 170 mil demandas fueron aceptadas, lo cual dejó en un estado de vulnerabilidad a muchas “badantes” no regularizadas, que podrían ser expulsadas, luego de la aprobación del nuevo paquete de seguridad.
En el otro extremo se instala el “inmigrante-problema”, encarnado por los “rom”, los pueblos gitanos, cuya diferencia cultural nunca ha sido muy tolerada. Como dice el título de un informe de CIPSI, una red de ONGs, “la historia nunca fue generosa con los pueblos gitanos”. Basta recordar que, según el Museo de la Memoria del Holocausto de Nueva York, el número de gitanos muertos durante la segunda guerra mundial, llegaría a un millón, sobre todo en los campos de exterminio nazi. Hoy en Europa hay unos 10 millones, de los cuales sólo 170 mil en Italia. Son efectivamente una minoría, que vienen tanto de Rumania como de los países que componían la ex Yugoslavia, sin contar que 70 mil de ellos nacieron en suelo italiano, aunque no sean reconocidos como tales. La mayoría son indocumentados y viven en campos sedentarios, con escasos o nulos servicios, en verdadero estado de exclusión social. Hace unos días, luego de una visita a Roma y Nápoles, la eurodiputada de origen húngaro, Victoria Mohacsi, denunció a los campos “rom” de Italia como “entre los peores en Europa”.
Para la opinión pública, los campos “rom” aparecen como el caldo de cultivo de toda suerte de delito. No es que no haya elementos de marginalidad dentro del mundo gitano, pero esta constatación no basta para condenar a un pueblo entero a la ilegalidad, como parece ser el caso en Italia, donde la “natural” asociación entre inseguridad, delito y pueblos gitanos pasó a ser cuestión de Estado. E
l nuevo prefecto de Milán –donde viven 5.000 gitanos- ya tiene plenos poderes para actuar en lo que llaman la “emergencia nómade”, una decisión posterior al ataque de la población contra dos campamentos gitanos en Nápoles, ratificada por el “paquete de seguridad” que amplia el poder de los municipios en esta materia.
La inmigración tiene entonces varios rostros. En 2002, cuando también gobernaba la derecha, la ley Bossi-Fini otorgó a las “badantes” un status especial, aunque esa vez fracasó en el intento de introducir la figura del delito, para tratar la inmigración clandestina. Ahora, con sus idas y vueltas, el gobierno anunció nuevamente un trato especial para las “badantes”. La ministra Carfagna, como tantos otros altos funcionarios, fue insistente en este punto, preocupada por la estabilidad de la “badante” que se ocupa de su madre… Mientras tanto, más que nunca, convertidos en chivos expiatorios, los pueblos gitanos seguirán pagando caro sus pecados, algo vinculado a la diferencia cultural, y al hecho de ser improductivos o inasimilables desde el punto de vista capitalista.
Finalmente, el nuevo gobierno italiano, tanto por sus imágenes simplificadas y peligrosamente racistas, como por sus posiciones más pragmáticas, atentas a los cambios en el mercado de trabajo y protectora de la calidad de vida de “sus” ciudadanos, resulta un observatorio privilegiado desde el cual podemos obtener una visión de lo que sucede hoy con la cuestión inmigratoria en Europa.

Las relaciones entre las migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de Africa

/ Aderanti Adepoju

Introducción

La causa más importante de los movimientos espontáneos de población, registrados en los últimos años entre las naciones y dentro de ellas, radica en la creciente disparidad de niveles de desarrollo que existe entre los estados. Sus causas y sus consecuencias tienen dimensiones económicas, políticas, sociales y demográficas [Heisel, 1982]. La migración, por su naturaleza misma, involucra cuando menos tres actores fundamentales: el emigrante, una región o país de origen y una región o país de destino. Mientras que las migraciones internas, en principio, suponen movimientos de individuos libres de restricciones jurídicas dentro de un territorio geográficamente definido, un migrante internacional se ve invariablemente confrontado con una serie de normas y disposiciones, a veces complejas, primero al salir del país de origen, y luego al entrar, residir, y eventualmente salir del país receptor.En Africa, como en todas las regiones en vías de desarrollo, la evolución histórica y las fases de desarrollo político para comprender las migraciones en general, la distinción entre migraciones internas y migraciones internacionales y las conexiones entre ellas, sus causas y los problemas que plantean a los gobiernos. De especial interés en el contexto africano son los efectos de la demarcación de fronteras nacionales, la aparición, desde comienzos de la década de 1960, de estados nacionales independientes, y sobre todo la promulgación de disposiciones y normas que rigen la inmigración. Estas regulaciones han introducido una sutil distinción entre migraciones internas y migraciones internacionales -formas ambas de lo que otrora fuera libre desplazamiento a través de extensas áreas de Africa- y, en el caso de las migraciones internacionales, una diferenciación entre inmigrantes legales e ilegales. A continuación analizamos estas relaciones en el marco de las causas que originan los movimientos de población y de las respuestas de los gobiernos a los mismos.

Las migraciones en Africa: breve panorama histórico

El fenómeno de la migración en Africa se entiende mejor en el contexto de la evolución política e histórica de las sociedades africanas. Los efectos de la colonización y la descolonización sobre la economía, e indirectamente sobre las migraciones, son particularmente perceptibles cuando se examinan en el contexto de las tres eras históricas: precolonial, colonial y postcolonial. En la era precolonial, los movimientos de población en Africa se vinculaban sobre todo con las condiciones ecológicas y sociopolíticas predominantes, especialmente las sanguinarias guerras tribales, los desastres naturales y la búsqueda de tierras cultivables o aptas para la colonización. Eran, pues, movimientos desprovistos de estructura, colectivos y sin distinciones demográficas específicas [ECA, 1981; Adepoju, 1979]. El régimen colonial abrió el camino para la paz y la estabilidad política; los movimientos migratorios relacionados con las guerras tribales cesaron o se redujeron, pero desde entonces han reaparecido con pautas diferentes, en forma de éxodos de refugiados cuando naciones independientes entablan guerras, como en el caso del conflicto entre Etiopía y Somalia, de las luchas intestinas del Chad, Angola, Uganda y Nigeria y las guerras de liberación en Africa Occidental, Central y Meridional. Los desastres naturales persisten: la sequía de la región del Sahel, en Africa occidental y parte de la oriental, obligó a miles de personas a abandonar sus hogares, sin excluir a mujeres y niños. La búsqueda de tierras nuevas o fértiles aún continúa y el número de pobres sin tierras propias ha aumentado considerablemente, sobre todo en Africa Oriental. La introducción de incentivos y de diversas medidas coercitivas durante la era colonial respondía más que nada al propósito de satisfacer las crecientes demandas de mano de obra en las minas y las plantaciones. En Africa Occidental, la administración colonial francesa recurría a distintas formas de reclutamiento forzoso de mano de obra (en Alto Volta y Malí, por ejemplo). En Africa Oriental y Meridional, en cambio, la coerción fue sustituida por una serie de vigorosas medidas económicas para inducir a una mano de obra de la calidad y en la cantidad requeridas a trabajar en minas y plantaciones. En Sudáfrica, en particular, desde 1963, se ha impedido que las familias de los trabajadores vivan con ellos en los sitios de trabajo, lo cual, sumado a los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, motivó inicialmente una rápida rotación de la mano de obra. En realidad, las condiciones que favorecían tal situación tenían por objeto mantener bajos salarios apenas suficientes para subsistir. Además, cuando las arduas tareas reducían la productividad de los trabajadores -a quienes se contrataba por periodos no superiores a dos años- los agobiados y exhaustos jornaleros eran reemplazados a fin de mantener e incluso aumentar la productividad. Ahí radica, en el contexto africano, la pauta de la migración temporal prefijada que trae consigo la migración internacional: los trabajadores van y vienen entre su hogar y las minas, desilusionados por la mediocridad de la ganancia y la insuficiencia de los servicios sociales. En algunos casos, prefieren volver definitivamente a sus regiones de origen antes que continuar en las minas y plantaciones donde las condiciones de trabajo son realmente deshumanizadoras. En este contexto, es un error explicar el carácter temporal de las migraciones en Africa Oriental y Meridional en términos de necesidades preestablecidas. Los factores subyacentes deben buscarse en la organización de las tareas, en las condiciones de vida y de trabajo que normalmente no permiten una existencia decorosa. Así, cuando las condiciones de trabajo mejoran, los trabajadores se tornan más estables e "interesados por su cometido", y en realidad atraen a otros trabajadores, como sucedió en Zambia, la República Unida del Camerún (en las plantaciones de la antigua Guinea Española) y Nigeria. Cuando llegó la independencia, estas migraciones se institucionalizaron, pero para entonces ya se habían eliminado en Africa Occidental y Oriental varias prácticas restrictivas referentes a la reunión de las familias y a los sistemas de residencia y contratación laboral. No obstante, dichas prácticas siguen aplicándose, acaso más rigurosamente aún, en Sudáfrica. En la actualidad, una serie de presiones externas impuestas a las estrategias de desarrollo interno en Africa afectan invariablemente la estructura de las posibilidades ofrecidas a la población local, especialmente en zonas rurales. Las políticas de las grandes sociedades internacionales con respecto a la inversión que afianza las estrategias de desarrollo nacional ejercen un impacto considerable sobre la organización política, social y económica interna de cada país, especialmente en lo que se refiere a la ubicación y los tipos de oportunidades de empleo, ingresos y condiciones de vida, lo que a su vez ha influido sobre la migración, tanto interna como internacional, en Africa.

La migración: causas y relaciones

En el creciente número de publicaciones relativas a las migraciones, tanto internas como internacionales, tiende a prevalecer la idea de que las consideraciones económicas son de primordial importancia en la decisión de emigrar, que responde en última instancia al deseo de los interesados de mejorar su situación económica. Si tal es el caso, entonces la migración podrá concebirse como una reacción -a veces exagerada- a incentivos económicos que en gran medida surgen de desequilibrios económicos intersectoriales e intrasectoriales, así como entre países y regiones. Estos postulados plantean dos cuestiones: ¿qué factores determinan -y en realidad acentúan- tales desequilibrios estructurales entre los países y dentro de los mismos y qué relación guardan estos últimos con la migración? [Adepoju, 1979]. La segunda de estas preguntas plantea el problema no sólo de la función que desempeñan las redes de información en lo que atañe a la gama de oportunidades disponibles, sino también de la facilidad de la migración a pesar de los obstáculos y las barreras, las restricciones y las normas que rigen la migración dentro y a través de las fronteras nacionales. Aquí conviene establecer una sutil distinción entre las migraciones internas y las migraciones internacionales. Se supone que un migrante internacional en situación regular se atiene a una serie de requisitos que rigen la entrada y la residencia en otro país. Sólo algunos países africanos disponen de leyes estructuradas en materia de inmigración, y menos aún hacen cumplir con rigor dichas leyes, con la notable excepción de la República deSudáfrica. De todos modos, estas disposiciones son generalmente burladas por los migrantes, en forma deliberada o por pura ignorancia de su existencia [Condé, 1979; Adepoju, 1983]. La migración interna sobreviene en gran parte como respuesta a desequilibrios entre las distintas regiones de un país, y su dirección dominante está determinada por la implantación de los proyectos generadores de empleo. Así, cuando la inversión tanto pública como privada se concentra en la ciudad más importante (a menudo la capital), como sucede en la mayoría de los países africanos, la principal corriente migratoria se dirigirá sin duda hacia esa ciudad. No obstante, si las plantaciones, minas y otras empresas se hallan en áreas rurales y ofrecen más fácilmente oportunidades de empleo y de otra índole, es natural que se produzca una sustancial corriente migratoria intrarrural, como sucede en la República Unida del Camerún, Kenya, etc. De modo semejante, la migración internacional significa, en muy amplia medida, que existen desigualdades en el desarrollo, las oportunidades de empleo, y especialmente las condiciones de vida y de ingresos entre los países, sobre todo entre los países desarrollados y las naciones en vías de desarrollo. En ausencia de restricciones rigurosas a la entrada en un país, y cuando la difusión de información sobre la gama de oportunidades que se ofrecen en diferentes lugares es rápida y eficaz, la migración suele responder (con presteza) a tan positivas -y con frecuencia exageradas- señales. No obstante, como las migraciones internacionales (acaso en mayor medida que las migraciones internas) tienen consecuencias políticas, socioeconómicas y demográficas tanto para los países de partida como para los de llegada, se han establecido y se aplican una serie de disposiciones legales para seleccionar y, cuando necesario, restringir, la afluencia masiva de inmigrantes a los países de destino. Es evidente pues que las migraciones, tanto internas como internacionales (voluntarias), en general provienen del mismo conjunto de causas fundamentales: sin embargo, las limitaciones impuestas a las migraciones internacionales son más severas, o se hacen cumplir más expeditivamente. Esto en realidad explica, por ejemplo, que el volumen de las migraciones internas sea, según Zachariah y Condé [1981], el doble que el de las migraciones internacionales en Africa Occidental. La relación entre ambas formas de migración y los factores que sobre ellas influyen también implican -siempre en el contexto de Africa Occidental- que: En general, la migración interna es una prolongación de la migración externa. La dirección es más o menos la misma: desde las zonas interiores de un país hacia las áreas costeras. Existe una relación general negativa entre emigración y migración interna y una relación positiva entre inmigración y migración interna. El índice de migración interna era bajo en el Alto Volta y el Togo donde los índices de emigración definitiva eran elevados; era alto en cambio, en Ghana, la Costa de Marfil y el Senegal, donde el índice de emigración de nativos era realmente bajo. [...Así] áreas con un índice de migración interna elevado tenían un índice de inmigración alto [Zachariah y Condé, 1981]. Teóricamente, la migración internacional y la migración interna son complementarias y pueden realmente suplirse una a otra. En primer lugar, como hemos visto, ambas provienen de un conjunto de factores sociales y económicos interdependientes pero tienen que ver principalmente con la búsqueda de un mayor bienestar por parte de los migrantes salvo, naturalmente, en el caso de quienes se desplazan por causa de desastres naturales (sequía, hambruna) o de los que huyen de la guerra o la opresión política (refugiados), excepto los llamados refugiados "económicos". Desde la perspectiva de los gobiernos, el desarrollo normalmente tiene el efecto inicial de estimular la migración -tanto interna como internacional- a corto plazo. A más largo plazo, en cambio, un instrumento viable para refrenar o prevenir una importante emigración eventual hacia los países ricos o para inducir a los emigrantes a regresar a casa es el desarrollo sostenido en los países exportadores de mano de obra. Esta estrategia se basa en la noción de que la emigración se debe en gran parte a la incapacidad de los migrantes de satisfacer sus aspiraciones en el marco de las posibilidades que le ofrece su localidad o su país. La pregunta que interesa a los gobiernos es la siguiente: ¿Cómo estructurar el desarrollo para ofrecer soluciones alternativas locales a la migración internacional? Esta cuestión es especialmente crítica en países como Botswana, Lesotho y Swazilandia, que dependen fuertemente de la exportación de fuerza de trabajo a las minas de Sudáfrica. Un ejemplo obvio en Africa Occidental es el Alto Volta, país también tradicionalmente exportador de mano de obra. (Más adelante examinamos más detalladamente este aspecto). Las razones que se asocian con las migraciones internacionales no son exclusivamente económicas. Como señala Speare [1974], "en las migraciones internacionales, los factores políticos son con frecuencia más importantes que los económicos". Las exigencias formuladas por ciertos estados de que se reajustaran las fronteras arbitrariamente trazadas por la administración colonial y que dividen grupos étnicos y económicos homogéneos, "a fin de acomodarlas a las realidades socioculturales de los países afectados y reagrupar las poblaciones de grupos étnicos arbitrariamente asignados a diferentes países", los han conducido a la guerra [Adepoju, 1982]. Un ejemplo manifiesto es el caso de Somalia y Etiopía, o, en forma más atenuada, el del conflicto entre Nigeria y la República Unida del Camerún. Consecuencia de ello es, en todos los casos, la existencia de centenares de refugiados y personas desplazadas.

Tipología de las migraciones

El aspecto temporal de las migraciones tiene dos dimensiones, que son la distancia recorrida y la duración de la residencia en el punto de destino. Según una tipología de las migraciones esbozada anteriormente por el autor del presente artículo, esencialmente con respecto a las migraciones internas, éstas pueden clasificarse en función de la dirección, el tipo de desplazamiento, la distancia y la duración de la residencia. La misma tipología, con algunas modificaciones, puede extenderse a las migraciones internacionales. Por ejemplo, la dirección es un factor esencial para ambas formas de migración, al igual que la dimensión temporal. La pertinencia del factor distancia depende, sin embargo, de la extensión del país que se considere. Es lo que se desprende de un estudio de la Organización de las Naciones Unidas [1982], en el que se indica brevemente que debido a la extensión relativamente pequeña de los Estados africanos, comparada con la de otras regiones en desarrollo, ciertos tipos de inmigración que en otros puntos del globo entrarían en la categoría de movimientos internos, en Africa son transnacionales. Así, el desplazamiento entre Lagos y Maiduguri, en Nigeria, a través de unos 1700 km, se clasifica como migración interna según el criterio espacial de distancia, mientras que un individuo que se traslada de Idiroko en Nigeria a Ifoyin en la República de Benin -distancia de unos 10 km- es ya un migrante internacional; otro tanto ocurre con los trabajadores de zonas fronterizas, que residen con sus familias a un lado de una frontera nacional y se dirigen diariamente a sus tierras de cultivo situadas al otro lado de la misma, como sucede entre Kenya y Uganda, Ghana y el Togo o Nigeria y Benin. Como nos recuerdan Kumepor y Looky [1974], y los ejemplos podrían multiplicarse, la distancia entre la mayor parte de las ciudades natales de los togoleses y sus residencias en Ghana no suele ser grande, y en la mayoría de los casos es más corta que la que media entre los hogares de los ghaneses de regiones como Ashanti, Brong-Ahafo y la región septentrional y la capital Accra donde tienen su residencia. El factor distancia permite a la mayor parte de los togoleses residentes en Ghana hacer frecuentes visitas a sus casas mientras mantienen en dicho país una residencia semipermanente. Los países del Sahel (Senegal, Mauritania, Malí, Alto Volta, Níger y el Chad) son muy pobres y la mayor parte de su población está compuesta por nómadas, seminómadas y labradores sedentarios [Marnham, 1979]. Entre los nómadas, los más numerosos, dedicados al pastoreo, son los fulani (también conocidos por peulh) que viven en Níger, Malí, el Alto Volta, Nigeria y el Senegal. La tierra natal de algunas tribus nómadas ha sido dividida por fronteras, como es el caso del territorio de Teda, repartido entre el Chad y la Jamahiriya Arabe Libia. En realidad, las fronteras coloniales impuestas arbitrariamente constituyen un serio obstáculo para la libre circulación de los nómadas. De todos modos, los nómadas cruzan con frecuencia las fronteras entre Kenya, Etiopía y Somalia durante el periodo en que buscan agua. En realidad, nómadas de etnia somalí se encuentran en Djibuti, Kenya, Etiopía y, naturalmente en Somalia. Como ya lo he señalado[1979], las migraciones a través de fronteras nacionales, especialmente en Africa Occidental, eran frecuentes antes de la independencia política y de la aparición de fronteras territoriales bien definidas; por lo demás, la consolidación de las mismas ha tenido un efecto mínimo, ya que la mayoría de los migrantes se desplazan con absoluta libertad, sin preocuparse por las "fronteras artificiales". Esto significa que muchos movimientos de población que se desplazan dentro del continente no son "enteramente internacionales en el sentido tradicional de la palabra" [Appleyard, 1981]. Volviendo a la situación de Africa Occidental, los trabajadores migrantes estacionales y temporeros que cruzan las fronteras consideran que sus movimientos "son una simple prolongación, allende las fronteras de los estados, de sus desplazamientos internos y de la migración entre distintas áreas rurales" [OIT, 1975]. A decir verdad, en la mayoría de los casos es difícil establecer cuándo cruza realmente un viajero fronteras internacionales. La mezcla de pueblos, los llamados grupos étnicos, es a veces sumamente fascinante: los mendi viven en Liberia y Sierra Leona, como también los vais y los kroos; los yorubas se encuentran en Nigeria y Benin, como los ewes en Togo y Ghana. Appleyard [1981] observa que "probablemente existe sólo una diferencia sutil entre ciertos tipos de migración clandestina y de trabajadores (especialmente en el continente africano), y por eso cualquier intento de ser rigurosos en las definiciones, aunque encomiable, no puede emprenderse con optimismo". No obstante, este autor recomienda que "se contemple también la imperiosa necesidad de elaborar una nueva tipología y clasificación". Otro ámbito de interés es el de las migraciones en cadena y en grupos, que, en Africa, pueden ser tanto internas como internacionales. A diferencia del caso de las migraciones "voluntarias", que responden principalmente a factores económicos, las migraciones masivas, dentro y fuera de las fronteras nacionales en Africa, no están vinculadas a consideraciones económicas, sino más bien a factores políticos y religiosos, y a veces a catástrofes naturales. Además de los movimientos multitudinarios de refugiados (víctimas de guerras y disturbios civiles), expulsados (migrantes en situación irregular) o peregrinos que son casos particulares, también se dan casos de migraciones colectivas tanto internas como internacionales. Un ejemplo de las primeras es el de los arrendatarios de tierras de cultivo de Nigeria Meridional. También se han registrado migraciones espontáneas de grupos en Ghana, Etiopía, Kenya y Zambia, consecuencia de planes de colonización y asentamiento. Como ya el autor de este artículo [1983] observaba: Las migraciones colectivas de comunidades homogéneas no se limitan a las migraciones internas, sino que han sido también muy importantes en el caso de los movimientos internacionales. El ejemplo más conocido es el de los nigerianos que han emigrado a Ghana, el Togo y la República de Benin. Grupos de yorubas proceden de las mismas localidades de Nigeria y emigran a destinos específicos. Estos emigrantes por lo común proceden del mismo pueblo o ciudad, y con frecuencia emigran en grupos o en cadena desde el área natal hasta los puntos de destino. A falta de cauces oficiales de asistencia, los migrantes africanos confían en la red de relaciones sociales -amigos, parientes, paisanos- que les dan el aviso de partida, les proporcionan alojamiento a la llegada y los ayudan a obtener un empleo. Condé [1983] documenta un ejemplo esclarecedor de esta característica de los inmigrantes "ilegales" procedentes de Malí, el Senegal y Mauritania y residentes en Francia. Dice: La solidaridad de clan es de una eficacia plena: hermanos, tíos y primos alojan a sus hermanos, primos y sobrinos, etc. [...] En los albergues se encuentran comunidades diversas. [...] Cada comunidad tiende a reagruparse. Lo que más distingue a la comunidad negra, especialmente a los soninkes y toucouleurs, es que se reagrupan por poblados de origen. [...] Cada inmigrante conserva su posición y rango lugareño. [...] Se presta ayuda a quienes la necesitan, merced a un fondo comunitario: por ejemplo, a los que no han encontrado aún empleo o están en paro. La observación anterior, y otras semejantes, indican que los migrantes africanos -internos e internacionales- conservan un prototipo de la estructura sociocultural de la comunidad natal y consideran su lugar temporal de residencia como una extensión o prolongación de la comunidad de origen. La observación de Zachariah y Condé [1981] según la cual la emigración es simplemente una ampliación de la migración interna dentro del continente puede, si nos atenemos a las puntualizaciones de Condé, ser extrapolada a la situación exterior a la región africana. Definición de una política: las migraciones internas como alternativa de las migraciones internacionales. En Africa, la migración rural es una alternativa al éxodo rural, dadas las características no sólo de los migrantes (que son predominantemente personas sin instrucción general ni calificación profesional, de edad adulta media), sino también de la economía rural. La diversidad ecológica, la evolución cíclica de la demanda de mano de obra en la región, la disparidad de los recursos locales y la localización de los proyectos agrícolas, especialmente en el Camerún, Kenya y Tanzania, constituyen los principales factores de atracción de los migrantes hacia el sector rural. En Africa Occidental, asimismo, la mayoría de los migrantes se desplazan de una zona rural a otra [OIT, 1975]. Esta observación también es aplicable a Kenya, donde, según Livingstone [1981], la principal corriente migratoria es, en efecto, de tipo intrarrural, al igual que el 60% de las migraciones internas en Ghana, según indica el censo de 1970. Así como la migración rural-rural sirve de alternativa viable a la migración rural-urbana para una gran proporción de migrantes africanos, así también la migración internacional se dirige en gran parte hacia áreas rurales de los puntos de destino. El caso de los trabajadores migrantes fronterizos es más claro: éstos cruzan las fronteras nacionales regularmente para trabajar en las zonas rurales del país vecino. En Zambia, por ejemplo, el 60% de los inmigrantes africanos residían en las zonas rurales en 1963. Los que se dirigían a las zonas urbanas (32%) eran principalmente obreros calificados [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974]. En 1960, dos tercos (el 67%) de los extranjeros residentes en Ghana vivían en áreas rurales; este porcentaje descendió ligeramente a 65% en 1970 [Zachariah y Condé, 1981]. Esta pauta también se aplica a los refugiados. En Africa, son en su mayoría de origen rural y casi todos ellos viven en áreas rurales de los países de asilo, bien en colonias rurales organizadas -como en el Sudán, Tanzania y Somalia- o bien mezclados con la población local, como sucede en Somalia. En realidad, se calcula que alrededor del 60% de los refugiados africanos viven fuera de las colonias y campamentos organizados, con las poblaciones locales [Adepoju, 1982 y referencias citadas al final de este artículo]. Esta conclusión no es totalmente válida: hay algunas excepciones. El Sudán -donde se calcula que un 50% de los refugiados se ha asentado en áreas urbanas- tiene fama de contar con la población refugiada urbana más numerosa de Africa. Por lo general, los refugiados africanos, especialmente en el Sudán, Djibuti y Tanzania, se unen a los migrantes internos en sus desplazamientos hacia áreas urbanas o rurales y compiten con ellos por los puestos de trabajo y otras oportunidades disponibles. Campbell [1981] indicaba también que en Liberia el 5% de la población mayor de diez años, en 1974, eran inmigrantes de los cuales el 64% vivía en las áreas urbanas. En una palabra, los inmigrantes, incluidos los "refugiados", compiten en Africa por los escasos empleos asalariados disponibles, tanto en los sectores urbanos como en los rurales; algunos de ellos cubren las vacantes dejadas por los nativos que han emigrado a su vez al extranjero. Además, los migrantes internos de origen rural compiten en las ciudades por puestos de trabajo anteriormente ocupados por nativos que emigraron al extranjero en busca de mejores oportunidades económicas y de otra índole. En la República Unida del Camerún, por ejemplo, donde últimamente las migraciones de tipo rural-rural tienden a dirigirse hacia las ciudades (en gran medida debido a los bajos salarios que se pagan en las plantaciones) los jornaleros emigran a centros urbanos y están siendo reemplazados por inmigrantes nigerianos que posteriormente emprenden actividades de tipo comercial en las ciudades y algunas veces en las mismas áreas rurales [Gwan, 1976; Adepoju, 1983]. Conde [1979] también da un ejemplo esclarecedor de esta misma pauta tal como se manifiesta en Argelia y Túnez (donde los migrantes rurales ocupan puestos de trabajo dejados vacantes por emigrantes de origen urbano que se habían trasladado anteriormente a Francia) y en Africa Occidental, donde los migrantes rurales del Alto Volta y Malí toman el lugar de los emigrantes a Gabón. Una serie de factores económicos y políticos influyen en la estructura de oportunidades de un país, e indirectamente en el ritmo y la dirección de las migraciones, tanto internas como internacionales. Cuando la economía de una país se revitaliza y las oportunidades de empleo mejoran considerablemente, los nativos emigrados a otros países pueden sentirse incitados a volver, como en el caso de Italia y Grecia. El corolario lógico -es decir: que el deterioro de la situación económica convierte a países importadores de mano de obra en exportadores de la misma- se ejemplifica en situaciones como la de Ghana que, hasta 1970, era uno de los principales países de inmigración de Africa Occidental. Sus cultivos de cacao y sus minas de diamantes atraían inmigrantes del Togo, Nigeria, el Alto Volta y Malí. Además, las migraciones internas eran muy importantes [Zachariah y Condé, 1981]. Pero el deterioro de la situación económica y política forzó a emigrar a una proporción muy apreciable de la población adulta, incluidos los migrantes interregionales que se dirigieron especialmente a Nigeria y fuera del continente africano. Hoy día, Ghana es un país de emigración de mano de obra, tanto calificada como no calificada, situación con escasas probabilidades de invertirse durante la próxima década. En Zambia, por ejemplo, se importaba, con elevado costo, la mano de obra calificada, europeos y africanos indistintamente, para dirigir y hacer funcionar las industrias y las minas de cobre del país. La proporción de inmigrantes en la fuerza de trabajo llegó al máximo alrededor de 1960: en el periodo 1960-1964, constituían el 24% de la mano de obra total [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974], porcentaje que descendió al 19,9 en 1966. Desde la independencia, proclamada en 1964, el Gobierno de Zambia actuó rápidamente para fomentar la "indigenización" de los puestos de trabajo en todo el país. Ohadike y Tesfaghiorghis [1974] observaron que: La independencia política en Zambia y en los vecinos países de origen de los inmigrantes ha introducido limitaciones económicas y legales que afectan el intercambio de migrantes entre estos países. En Zambia, la concesión de visados y permisos de trabajo está reglamentada, mientras que en los países de origen la independencia política ha traído consigo oportunidades económicas alternativas y concurrentes que tienen una incidencia negativa en la emigración a Zambia. En otras palabras, el desarrollo social y económico que siguió a la independencia en los países de emigración vecinos ha contribuido a contener o reducir la afluencia de inmigrantes a Zambia. Al mismo tiempo, la disponibilidad de empleos alternativos y de las consiguientes oportunidades en los países natales estimuló el regreso al hogar de los inmigrantes, mientras que los autóctonos se hacían cargo de algunos de los puestos de trabajo dejados vacantes en Zambia. Las causas de esta evolución no son exclusivamente económicas, tienen también dimensiones políticas. Aparte de los esfuerzos realizados por los gobiernos nacionales para restringir el libre paso de las fronteras, introduciendo visados, pasaportes, monedas nacionales y diversas formas de obstáculos a la inmigración, una serie de hechos políticos recientes ha mermado considerablemente las migraciones internacionales de mano de obra, especialmente en Africa Oriental y Meridional. Por ejemplo, Zambia y Tanzania en particular, consecuentes con sus políticas contra el apartheid, han prohibido a sus ciudadanos emigrar como jornaleros a las minas de Sudáfrica. Antes de la independencia, Zimbabwe y Mozambique se contaban entre los principales abastecedores de trabajadores migrantes a la República de Sudáfrica. Mozambique coartó la emigración de sus nativos a dicho país muy poco después de la independencia. También Zimbabwe suprimió eficazmente el suministro de mano de obra emigrante a las minas de Sudáfrica y mandó cerrar todas las oficinas de contratación de mano de obra que había en el país. Con anterioridad, en 1974, a raíz de la catástrofe aérea de Francistown en la que perdieron la vida 82 migrantes contratados, el Gobierno de Malawi prohibió dicha contratación pero permitió a los que ya estaban en Sudáfrica que cumplieran sus contratos [Elkan, 1978]. Los Gobiernos de Botswana, Lesotho y Swazilandia están cada vez más preocupados por los efectos negativos de la extrema dependencia que acarrea la exportación de mano de obra (migrante) a las minas de Sudáfrica, tanto más en una situación en que la demanda de fuerza de trabajo extranjera ha ido menguando en Sudáfrica debido principalmente al creciente desempleo que se registra en dicho país. La llamada política de "internacionalización", el peligro que implica depender en forma permanente de la fuerza de trabajo extranjera y determinados cambios legislativos han hecho aumentar recientemente la demanda de mano de obra local. Al mismo tiempo, el creciente desempleo, especialmente en el sector industrial, ha obligado a la población negra a aceptar "a regañadientes" puestos de trabajo en las minas de oro -la ocupación menos deseada [Stahl, 1982]- llenando con ello el vacío resultante de la escasez de jornaleros inmigrantes procedentes de los países tradicionalmente abastecedores de mano de obra. En estas condiciones, es absolutamente indispensable que los principales países exportadores de fuerza de trabajo -Botswana, Lesotho y Swazilandia- apliquen enérgicamente estrategias que estimulen las oportunidades de empleo a fin de reducir la emigración de sus ciudadanos. Análoga recomendación cabría hacer al Alto Volta y Malí, pues en todos estos países las adecuadas estrategias de desarrollo centradas en la creación de empleos pueden ofrecer alternativas locales a la migración internacional.

Las migraciones africanas: más horizontales que verticales


Mbuyi Kabunda por Revista Pueblos

Contrariamente a la opinión más extendida, existen flujos migratorios más importantes dentro de la propia África que hacia Europa, donde se considera cada vez más a la inmigración africana como una amenaza global: económica, social, demográfica, cultural o identitaria e incluso militar, debido a la amalgama que se suele hacer entre inmigración y terrorismo islamista; el inmigrante es equiparado con el enemigo interno o la quinta columna del terrorismo islamista. África subsahariana, la región más joven del planeta con el 45 por ciento de la población menor de 15 años (el 50 en algunos casos) y sólo el 3 por ciento de los mayores de 65 años, aun cuando orienta cada vez más su emigración hacia otros continentes por la falta de perspectivas locales, está registrando transferencias internas o interafricanas masivas que ponen de manifiesto su extraordinario potencial migratorio. Todo indica que estos flujos intra e interregionales seguirán incrementándose en los años y décadas venideros, y que se feminizan cada vez más al representar las mujeres del 15 al 20 por ciento de dichos flujos. Aunque es difícil hoy saber el número exacto de las poblaciones migrantes en el propio continente, África acoge a unos 40 millones de migrantes, en su mayoría internos, mientras que el Norte, con políticas de inmigración definidas en función de sus necesidades económicas y demográficas, recibe a unos 18 millones de migrantes africanos [1]. Las poblaciones de Malí, Burkina Faso y Níger, países emisores más activos, migran tradicionalmente hacia los países del golfo de Guinea un poco más dotados. Por lo tanto, existe una polarización de movimientos migratorios hacia los países con altos índices de crecimiento económico y/o políticamente más estables, e incluso se realizan movimientos contrarios en el caso de producirse una depresión o un conflicto en estos países receptores. Polos de concentración de las migraciones interafricanas En el contexto arriba dibujado, cabe distinguir la emigración del África del Norte de la del África subsahariana. En opinión de Sami Naïr, el África “blanca” (Egipto y Magreb) exporta sobre todo sus poblaciones hacia Europa y Estados Unidos, mientras que el África subsahariana, aun cuando orienta su emigración hacia Europa -tres países, Ghana, Nigeria y Senegal, son los principales emisores de la emigración del África occidental hacia Europa y representan la mitad de los flujos migratorios subsaharianos, seguidos por Cabo Verde y Malí- conoce importantes flujos migratorios internos: de las zonas rurales hacia las ciudades, de las zonas en guerra hacia las en paz, y de los países más pobres hacia los países ricos. Aunque se estima que África seguirá siendo durante mucho tiempo la principal zona de partida de emigración hacia el Norte -y hacia Europa en particular-, los expertos de las organizaciones internacionales que se ocupan de las migraciones, reunidos en Uganda en octubre de 1995, postularon casi con certeza que se registrará en los próximos años un incremento sustancial de los flujos intrarregionales, que afectará por lo demás a todas las formas de migración: migraciones clásicas, huida de la pobreza, del paro, de la falta de perspectivas de futuro; pero también huida de la guerra, los conflictos, fuga de cerebros, etc. Países como Nigeria, Libia o Gabón, enriquecidos por el petróleo, y aquellos con más recursos como Kenia, Costa de Marfil, Sudáfrica o Botswana, acogen a los trabajadores de los países pobres del África subsahariana, vecinos o procedentes de otras zonas del continente, que expulsan brutalmente cada vez que se manifiesta una crisis económica. La emigración africana es, pues, más horizontal (intraafricana) que vertical (extraafricana): Costa de Marfil, Nigeria, la RDC, Sudáfrica, Kenia, Botsuana y Zambia siempre han sido y son tierras de inmigración. En la actualidad, Burundi, Sudán, Angola, la RDC y Somalia son países emisores de refugiados, según el Alto Comisionado para el Refugiado (ACR), generalmente acogidos en países como Tanzania, la RDC, Sudán, Zambia y Kenia. Todos estos países han acogido a más inmigrantes africanos que los que están en Europa al existir en el continente países emisores, países receptores y países que asumen las dos funciones, como la RDC, Sudán, Costa de Marfil, Senegal, Nigeria o Ghana. Muchos países africanos son, pues, a la vez países de inmigración y de emigración, en función de los cambios políticos y económicos. Refiriéndonos al caso particular de Costa de Marfil, este país recibe cuatro veces más inmigrantes que Francia, inmigración en la base de sus actuales problemas políticos (el 44 por ciento de la población de Abiyán, la capital, está integrado por los inmigrantes). De igual modo, Malawi, uno de los países más pobres y más poblado del mundo, recibió a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 a unos 700.000 refugiados. El África Occidental y el África del Norte son las grandes regiones de las migraciones del continente y sirven de etapas hacia Europa. Las ciudades del Sahara tales como Tamanrasset, Djanet (Argelia), Agadez (Níger), Sabha, Koufra (Libia), El Ayun (Sahara Occidental), Nouadhibou (Mauritania) y Saint-Louis (Senegal) sirven de puntos de paso y de contacto con las redes de migraciones entre el África subsahariana y el Magreb, última etapa antes del asalto europeo. De este modo, se ha pasado de las migraciones internas a las migraciones externas, y en los países receptores del Norte de las migraciones por trabajo (provisional) de las décadas anteriores a las migraciones de asentamiento (permanente) actuales. En definitiva, según Dumont, las migraciones interafricanas toman tres formas principales que constituyen su trasfondo: la migración política (éxodos nacidos de conflictos, de la inseguridad y de represalias contra una minoría en un país), la migración económica (fronteras artificiales inadaptadas a los intercambios seculares, humanos y económicos precoloniales y nuevas movilidades hacia las zonas mineras y petroleras), la migración étnica (carácter transfronterizo de grupos con afinidades lingüísticas y bioculturales). En este contexto se están construyendo importantes y nuevas áreas culturales desde abajo, a partir de los flujos migratorios. Es el caso del triángulo cissakho-Korhogo-Bobo Dioulasso en la zona saheliana donde dichos flujos han reconstituido los espacios de comercio precoloniales por encima de los Estados de los que los comerciantes son oriundos: Malí, Costa de Marfil y Burkina Faso, es decir la libre circulación de personas, bienes, capitales y mercancías, legales o ilegales. Lo mismo puede decirse de la región de los Grandes Lagos. Allí, los militares ruandeses del FPR que ayudaron a Kabila a hacerse cargo del poder en Kinshasa en 1997, a su regreso a Kigali, tras su expulsión por parte del mandatario congoleño, consiguiente a la ruptura con el aliado ruandés, han convertido a Kigali en una capital donde se habla cada vez más el lingala (al lado del kinyaruanda) y se reproducen algunas costumbres congoleñas, que aprendieron durante su estancia en este país, además de casarse muchos de ellos con las congoleñas de Kinshasa con las que retornaron a Ruanda. Los preocupantes brotes de xenofobia Es preciso subrayar que la crisis económica y los conflictos que afectan a muchos países africanos en las últimas décadas, han dado lugar a preocupantes sentimientos xenófobos hacia los inmigrantes, convertidos en chivos expiatorios de los problemas políticos y económicos internos. Es decir, la lucha por el acceso a los escasos recursos, junto a los nacionalismos exacerbados y manipulados por los dirigentes por fines políticos o para distraer a las masas de los fracasos internos, han dado lugar a las violencias xenófobas y a las expulsiones masivas de los inmigrantes procedentes de otros países africanos: Senegal ; Sierra Leona, Guinea-Conakry y Costa de Marfil; Zambia; Kenia ; Uganda; Nigeria; Mauritania y Senegal; Etiopía y Eritrea; Libia ; Sudáfrica, Costa de Marfil , etc. En todas partes, las legislaciones oficiales se han endurecido para hacer imposibles la estancia y el desarrollo de actividades de los inmigrantes, con excepción de Tanzania, Botswana y Burundi que han concedido la nacionalidad a los desplazados de las guerras civiles y a los inmigrantes que lo deseen. Estas prácticas xenófobas y racistas han de interpretarse como el resultado de la manipulación de los bajos instintos de los pueblos por unos dirigentes sin escrúpulos, que en periodos de crisis y para fines políticos, no dudan en fomentar el odio popular contra los oriundos de los países vecinos en nombre del nacionalismo. Aquellos siempre habían vivido según sus tradiciones de solidaridad y de hospitalidad hacia los extranjeros. De este modo, la unidad o la solidaridad africana se han convertido en meros eslóganes de los que se burlan los propios dirigentes. Prevalecen en los oriundos de los países receptores africanos actitudes de rechazo y xenofobia hacia los inmigrantes procedentes de otros países del continente como en los casos de Costa de Marfil, Gabón y Sudáfrica. Muchos de los migrantes subsaharianos se quedan de una manera duradera en los países del norte de África, y en particular en el espacio saharo-saheliano revitalizando el desierto convertido en zona habitable, y sólo una minoría se dirige hacia Europa. Por lo tanto, hay que abandonar el argumento repetido hasta la saciedad por algunos dirigentes europeos de que “sus países no pueden acoger a toda la miseria del mundo”. La cruda realidad es que el 75 por ciento de los migrantes africanos viven en los países del continente. La vida de los inmigrantes subsaharianos no es siempre fácil al ser sometidos a persecuciones racistas y expulsiones en los países norteafricanos. En los países norteafricanos, y en particular en el Magreb, que se ha convertido en zona de inmigración, la tasa promedia de paro es del 20 por ciento, razón que explica que los jóvenes magrebíes también sueñan con emigrar a Europa, y no están dispuestos a acoger en sus países a los inmigrantes subsaharianos con los que no se sienten solidarios. La presión ejercida por la UE en los países norteafricanos desde el “proceso de Barcelona”, para luchar contra la inmigración clandestina e impedir la llegada de subsaharianos a las fronteras europeas, ha tenido como consecuencia el fortalecimiento de la represión hacia este colectivo perjudicando las ya difíciles relaciones afro-árabes. Los países norteafricanos rivalizan en cinismo en sus comunicados, en su papel de gendarmes de las fronteras europeas, con balances como estos: 28.828 subsaharianos detenidos por la policía argelina, 12.000 detenidos por las autoridades tunecinas, 480 redes desmanteladas en 2005 por las autoridades marroquíes y 30.000 intentos de asalto frustrados, vulnerando la solidaridad y la hospitalidad africanas. El futuro de las migraciones interafricanas El futuro de estos flujos migratorios interafricanos se definirá en función de las actuales experiencias de integración regional (ECOWAS, SADC, COMESA, CEEAC, IGAD, UEMOA, CEMAC, EAC), basadas en la libre circulación de personas y de bienes, y de la concreción del desarrollo de las infraestructuras transnacionales del NEPAD, además de constituir dichos flujos el trasfondo de la uniformización de modos de vida y de valores (vínculos matrimoniales y sexuales, convergencia de comportamientos e inclusión civil y política mediante el proceso de asimilación), y de creación de nuevos espacios públicos flexibles y supraestatales en el continente, es decir, las bases de la integración regional esta vez desde “abajo” o desde los pueblos. Además, el crecimiento económico extraordinario experimentado por China e India en las dos últimas décadas crea en estos países la necesidad de mano de obra y les abre a las migraciones procedentes de África y Asia. Los flujos migratorios subsaharianos se orientan cada vez más hacia el Magreb, Turquía

El verdadero rostro del inmigrante de los cayucos

Ni analfabetos, ni huyendo del hambre, ni "engañados por las mafias". 26 años, con formación, con empleo, sólo el 1,2 fue convencido "por los pasantes" para subirse a un cayuco con destino a España, es el perfil del inmigrante que trató de llegar a nuestro país de 2006 a 2008. Un amplio y riguroso estudio de Cruz Roja desmonta muchos de los mitos en torno a la migración africana por esta ruta marítima. Cada inmigrante pagó 641 euros de media por el viaje, sólo en esos tres años la ruta de los cayucos generó un movimiento de 45 millones de euros. Si tenían trabajo, el 86% y sus salarios eran superiores a los de la media de sus países origen. Tres de cada cuatro contaba con una formación educativa media, más del 75% era superior a la General Básica. El 98% intentaba por primera vez emigrar a Europa, y sólo el 1,2% se animó a subirse a un cayuco"reclutado por pasadores de personas", frente al mito de que eran "las mafias", como las califican los políticos europeos, las que "engañaban" a los jóvenes para arriesgar la vida en esas barcazas. Son solo algunas de las conclusiones del Estudio ’Migraciones africanas hacia Europa. Estudio Cuantitativo y comparativo. Años 2006-2008. Centro Nº6 de Nouadibou, Mauritania’ realizado por un amplio equipo de técnicos de Cruz Roja Española y la media Luna Roja Mauritana después de entrevistar a 5.191 emigrantes africanos interceptados en Mauritania cuando intentaban llegar a España a bordo de cayucos. Es importante subrayar que se trata de un estudio ceñido a la ruta de los cayucos desde Mauritania y Senegal hacia Canarias, que tiene unos condicionantes muy diferentes a los movimientos migratorios que se produjeron antes de 2006 o de lo que sucede en la que es ahora la principal vía de salida de emigrantes africanos, la ruta desde Somalia hacia Yemen a través del Golfo de Adén, donde el año pasado cruzaron más de 50.000 personas que si huían de situaciones de desnutrición y de conflictos armados. Desde abril de 2006 cuando una antigua escuela fue reconvertida, con la ayuda del ejército español ,en el centro de asistencia a los migrantes interceptados en las costas mauritanas de Nuadibú, Cruz Roja Española y la Media Luna Roja Mauritana han asistido a 9.733 personas. A más de la mitad, los mediadores de esta organización humanitaria les realizaron un completo cuestionario con el que pretendían definir el perfil de los jóvenes africanos que intentaban llegar a Europa a través de la ruta de los cayucos. Las alargadas piraguas de pescadores del África Occidental aparecieron por primera vez a finales de 2005 en las costas de las islas canarias cargadas con jóvenes africanos, pero no fue hasta 2006 cuando esta vía batió todos los records de la migración por vía marítima hacia España y Europa con la llegada de 31.678 personas a Canarias. Desde entonces los técnicos de Cruz Roja estaban investigando sobre el terreno qué resortes podrían explicar que la ruta desde Senegal y Mauritania se convirtiera entonces en la principal vía de entrada hacia Europa, al menos hasta finales de 2008 (ver gráfico 1). El resultado 4 años después en un estudio que tira por tierra numerosos estereotipos y prejuicios que tanto la clase política europea como los medios de comunicación han construido en torno a sus verdaderos protagonistas, los jóvenes subsaharianos. De las 5.191 entrevistas realizadas en el centro de inmigrantes de Nuadibú se dibuja el siguiente perfil mayoritario del migrante que pretendía llegar a España: "Hombre joven, con una media de edad de 26 años, el 58% solteros, sin hijos, con formación general básica, con personas a su cargo, con trabajo antes de emigrar y con unos ingresos medios de 80 euros mensuales". De los cerca de 10.000 inmigrantes atendidos por esta organización el 8% eran menores de edad y sólo 21 eran mujeres. El 86% de los encuestados tenían trabajo antes de emprender el viaje hacia Europa (ver gráfico 2) algo que ha sorprendido a los responsables de este estudio "porque no se corresponde con la idea que teníamos de que eran los más vulnerables en el África Occidental los que buscaban en el viaje migratorio a Europa una vía para el futuro de sus familias" asegura, en declaraciones a la SER, Jaime Bara, coordinador del estudio y miembro del departamento de cooperación internacional de Cruz Roja Española. La mayoría estaba empleado en la agricultura, el comercio y la pesca. Más del 75% contaban con educación superior a la General Básica (ver gráfico 3) muy por encima del nivel medio de estudios en Senegal, Mali y Gambia, los tres países de donde procedían el 97% de los jóvenes migrantes, frente a sólo un 3% del resto de países africanos. "La tasa de analfabetismo en población adulta (más de 15 años) en Senegal es del 60,7%, en Mali de 76%, en Gambia de 57,5% y Mauritania de 48,8%", precisa el estudio. Jaime Bara señala que esta es "la auténtica fuga de cerebros, personas que pueden aportar valor a sus países, los más preparados, son los que se van a otros países en busca de un bienestar, perder a estas personas con una formación profesional, alfabetizadas, suponen un gran déficit para estos países". Casi la totalidad, el 98%, no procede de países en conflicto salvo los que venían de la región de Casamance donde la guerrilla lucha por la independencia de Senegal de esta zona de enorme riqueza agricola . El mito de las "mafias" hecho añicos El 98% es la primera vez que intentaba emigrar a Europa y también la primera ocasión en la que es repatriado, frente a otras vías como la de Libia o Marruecos donde las personas permanecen durante años intentando culminar su proyecto migratorio con varios intentos (ver gráfico 4), Sólo el 1,2% de los jóvenes responden en la encuesta haber sido "reclutado por un pasador" frente al 70% que dice que fue una decisión propia o el 12% que apunta a que le convenció su familia."Esta pregunta aclara una cuestión importante, puesto que se tiende a pensar que la decisión de migrar surge la mayoría de las veces de una presión o imposición familiar, sin embargo, la encuesta refleja que en más de un 70% de los casos la decisión es propia" Casi la mitad de los viajes, el 48,8% fueron organizados por "medios propios", frente al 32% organizados por los ’pasadores’. Nuadibú y la pequeña isla de Diogué, en la desembocadura del río Casamance en el sur de Senegal fueron los dos puntos principales puntos de salida que salieron a relucir en las encuestas. Según se señala en el informe "si observamos las tendencias por años, en el 2006 un 63% de los viajes fueron organizados por ’pasadores’. Esta cifra desciende drásticamente en 2007 y 2008. En estos dos últimos años el porcentaje de viajes organizados por medios propios se eleva considerablemente a 72 y 52% respectivamente". Al preguntarles si estarían dispuestos a volver a intentarlo, el 70% manifiesta que no, que regresará a su país y se quedará en él. 45 millones de euros invertidos en el sueño europeo Aunque el precio del ’pasaje’ para subirse a un cayuco fue oscilando levemente, la media que pagó cada inmigrante fue de 641 euros. Cruz Roja ha multiplicado esa cifra por las personas que llegaron a España esos 3 años y da como resultado que estas personas han invertido un total de 45 millones de euros para tratar de cumplir sus "sueños europeos" En el estudio se explica de esta manera: "Si sumamos las cantidades pagadas por todos los encuestados que han respondido a la pregunta, obtendríamos un total de 1.114.465,21 de Euros. Si lo extrapolamos al número de personas migrantes llegadas a las costas españolas entre los años 2006 al 2008 (70.661) nos da una cifra de 45 millones de Euros. Cifra verdaderamente alta, que hace comprender la magnitud del negocio que se ha formado en torno a la migración, derivado de su alta rentabilidad y la relativa facilidad con que se lleva a cabo; obviando, por supuesto, el gran peligro que corren los migrantes que utilizan la vía marítima en la travesía hacia el lugar de destino." Jaime Bara que tiene una amplia experiencia en cooperación internacional y especialmente en África asegura que "con 45 millones de euros se pueden hacer inversiones muy importantes en este continente". La de los cayucos es una de las rutas más duras y dramáticas de todas las que tratan de conducir a Europa y donde se han producido más muertes constatadas desde 2006," inmigrantes extremadamentes vulnerables, miles de personas han perecido ahogadas y aunque el número de personas que atendemos en Mauritania se ha reducido a la mitad no deja de ser una sangría de miles de jóvenes cualificados que tratan de buscar una salida y una mejor forma de vida acaben falleciendo o fracasando en su intento" recuerda Bara que subraya que" el proyecto migratorio está muy mitificado, y sólo una minoría de los que se lo proponen acaban llegando desgraciadamente". En 2009 cayó a la mitad las personas que pasaron por el polémico centro apodado ’Guantanamito’ por sus duras condiciones. Aministía Internacional o CEAR han cuestionado las condiciones en las que son recluidos los inmigrantes y Jaime Bara reconoce que "requeriría de otras mejoras, existen alternativas como las que propone Naciones Unidas para no tener que detener a estas personas, lo que sucede que en 2006 en Mauritania no existían instalaciones con las mínimas condiciones para acogerles. Las condiciones son infinitamente mejores que las que tenían antes de crearse el centro en 2006 y hay que tener en cuenta la estancia media en el centro es de 4 días". La llegada de inmigrantes por esta vía a España ha descendido a niveles desconocidos desde mediados de los 80 cuando llegó la primera patera a las costas andaluzas o desde 1994 cuando arribó a Canarias la primera barca con inmigrantes irregulares. En lo que va de año el descenso es del 99% en Canarias donde sólo ha llegado una patera en 2010, mientras que desde 2008 no se ha detectado la salida de ni un solo cayuco desde Senegal. Esto no significa que se haya cerrado esta vía porque los movimientos migratorios siempre han sido cambiantes. "Nuestra esperanza es que este flujo de inmigración irregular disminuya, no porque estemos en contra porque consideramos la emigración un derecho de toda persona sino porque la emigración llevada acabo de esta forma tiene unas consecuencias humanitarias catastróficas desde el punto de vista psicológico y físico para las personas que lo intentan", concluye Bará. Cruz Roja Española cuenta además con otros dispositivos de atención a migrantes en Senegal y Mali.